viernes, 17 de diciembre de 2021

El movimiento sindical: ¿la pesadilla de los sectores dominantes?

 

Podemos observar cómo “comunicadores-panelistas”, algunas cámaras empresariales, algunas empresas y también algunos voceros de estos empresarios convertidos en representantes nacionales (que a su vez son ellos mismos empresarios: ¿a quién representan?, ¿están interesados por el bien común o por el suyo particular?) lanzan una y otra vez sus feroces ataques contra los trabajadores organizados y claman castigos ejemplarizantes.

Antes de seguir es necesario dar un contexto para cepillar la historia a contrapelo (como proponía Walter Benjamin en La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia) para intentar entender las luchas del presente. La prédica contra los trabajadores organizados no es nueva. Desde la llegada de los primeros anarquistas (fines del siglo XIX) al Uruguay y la formación de los primeros sindicatos ya comenzaron a aparecer esos discursos anti organización obrera. Y siguió ocurriendo en los años 30 del siglo XX, cuando en el mundo entero asolaba el fascismo, el nazismo y en particular en Uruguay, el falangismo adquirió una relevancia particular (Carlos Zubillaga, Una historia silenciada).

Quizá el punto más alto de este discurso anti organización obrera haya partido del gobierno de Jorge Pacheco Areco durante 1968. Ante el reclamo de los trabajadores y la fortaleza que estos estaban demostrando luego de conformada la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) en 1966, los sectores dominantes tenían claro a quiénes tenían que combatir. De esa manera el poder político, en alianza con las cámaras empresariales, comenzó a desarrollar una política de represión sistemática contra los obreros y estudiantes. Así se decretaron medidas prontas de seguridad, se instauró la censura de medios de comunicación, se ilegalizó a sindicatos y partidos políticos opositores.

En definitiva, este endurecimiento de las acciones del gobierno pachequista obedeció a que se dio “un giro conservador que expresa[ba] [...] la voluntad de cohesionar la dispersión de propuestas y matices al interior de la propia clase [dominante] y encauzar una lucha ideológica frente a sectores sociales y políticos de oposición que, por esos años, sistematizaban en forma independiente sus propios planteos alternativos de contenido nacional y popular” (Álvaro Rico, El liberalismo conservador, página 14).

Es conocida la represión sufrida por los trabajadores organizados en la CNT durante fines de los años 60. Aquella terrible represión iniciada en los 60 se volvió sistemática y atravesó los años 70. Para intentar entender este proceso es clave estudiar y sistematizar cómo las derechas y las clases dominantes buscaban apoyos en las masas o construir una base social de apoyo. El libro coordinado por Magdalena Broquetas Historia visual del anticomunismo en el Uruguay permite acercarnos a un elemento fundamental para ello.

es conocida la represión sufrida por los trabajadores organizados en la CNT durante fines de los años 60. Algo me dice que en la lucha de ideas (en la lucha política en definitiva, al decir de Benjamin de nuevo) no hay nada evidente ni para siempre. Recordemos que los poderosos siempre intentan ocultar la historia de las mayorías explotadas y oprimidas.

Ayer se intentó tergiversar la historia (recordemos que hasta hace dos décadas se negaba que hubiesen existido desaparecidos en Uruguay). Hoy existe un partido político con representación parlamentaria que sostiene las acciones de quienes cometieron esos crímenes y pretende que la Justicia no juzgue a ningún otro criminal. En estos días, también, la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia planteó que el golpe de 1973 se produjo, entre otros motivos, por el caos que generaban los paros y las huelgas de trabajadores.

En una línea de discurso coherente con la ideología que hoy gobierna, podemos ver cómo ayer el pachequismo señalaba que los problemas del país eran consecuencia de los trabajadores y cómo hoy el herrerismo (aliado en aquellos años del pachequismo) sigue manteniendo la misma lectura de la realidad. Por eso los trabajadores de la enseñanza no son parte de las soluciones, si no que son el problema (como expresó el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira); por eso los trabajadores del puerto son los responsables ante los “atrasos” de las exportaciones; por eso los trabajadores de los frigoríficos toman de rehén a los empresarios del sector y a todo el país cuando paralizan sus actividades en plena faena, y así podríamos seguir con cada sector de actividad.

En el período posdictadura también existió un discurso oficial que veía en los trabajadores organizados un actor sospechoso. Pero los golpes y la represión ya no fueron necesarios. A partir de los años 90 los golpes pasaron por la desregulación laboral, el desempleo de ciento de miles que fueron a parar a los flamantes asentamientos (quedó atrás la palabra “cantegril”). Fue la continuidad de la fiesta de los poderosos, el sueño seguía haciéndose realidad: concentrar cada vez más riquezas en unos pocos.

Hoy vuelven a impulsarse con su sueño concentrador. Están cumpliendo su sueño de no tener que negociar, de sancionar y de perseguir a quienes están organizados. Buscan el trabajador ideal: dócil y obediente.

Como decíamos al principio de esta nota, “comunicadores”, voceros empresariales, representantes nacionales están saliendo a pedir públicamente que los trabajadores sean sancionados si paralizan las actividades. Está sucediendo en la educación, la salud, en algunas metalúrgicas, en la industria frigorífica, etcétera. La ley de urgente consideración les dio un impulso para desarrollar sus políticas represivas y concentradoras.

Los sectores conservadores tienen claro que el movimiento obrero y el movimiento popular en su conjunto continuarán resistiendo todos los ataques. Si fueron capaces de sostener la más cruda represión de los 60 y 70, el clima que hoy se vive se superará (con organización y conciencia). La semilla está intacta y los dominadores nunca tendrán paz ni descansarán tranquilos, porque temen que un día se vuelva realidad el País de las Maravillas que cantaba con su inolvidable voz Nancy Guguich

(Hector Altamirano, La Diaria, 16 de diciembre de 2021)

Trabajadores rurales logran acuerdo en consejo de salarios. Un proceso tortuoso

Fue un proceso muy tortuoso”, aseguró uno de los dirigentes de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines.

Los trabajadores del grupo 22 (Ganadería, Agricultura y actividades conexas) llegaron a un acuerdo en los Consejos de Salarios; el convenio es a dos años y tiene 3,5% de recuperación de salarios, un total de ajuste de un 14% en el período.

César Rodríguez, dirigente de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines (Unatra), dijo que no quedaron conformes con lo acordado pero fue lo máximo que pudieron alcanzar.

“Desde julio fue un proceso muy tortuoso. Ha habido mucho aprovechamiento, nosotros le llamamos garroneo en el sentido de que como trabajadores estamos avalando idas y venidas que en realidad no tienen una clara finalidad de avanzar y poner voluntad en concretar acuerdos. Esto no es nuevo, así siempre se ha manejado la parte empleadora rural y en esta ronda se marcó mucho esa oportunidad que tenían de usar unos lineamientos que flecharon la negociación”, señaló Rodrígue.

El integrante del sindicato aseguró que la pandemia no afectó al sector. Desde la Unatra señalaron que las exoneraciones tributarias rondaron los 139 millones de dólares en 2020, con una caída del 4,7% de los ingresos de los hogares rurales, mientras que el conjunto de la economía caía 6%. En tanto, los precios de las exportaciones entre el 2020 y lo que va del 2021 aumentaron en promedio 12%.

En un comunicado emitido por el sindicato aseguran: “Al cierre de agosto 2021, anualizado, la carne bovina exportó 2.070 millones de dólares (21%), seguido por la celulosa con 1.269 millones de dólares (13%); la Soja con 807 millones (8%) y los lácteos U$S 715 millones (7%)”, en tanto “la tasa de imposición sobre ingresos nominales termina quedando tres veces más chica que un titular de industria y comercio”.

Sobre la novena ronda señalan que fueron hechos algunos planteos que no prosperaron, como la creación de nuevas categorías o el límite de ocho horas para la jornada laboral, tomando nueve horas y media diarias como horas simples, que después se compensarían con días libres.

“En ese contexto la delegación de trabajadores nos hemos tenido que revolver como gato entre la leña”, enfatizó Rodríguez.

 (Fuente "La Diaria")

 

martes, 7 de diciembre de 2021

El concepto de huelga se construye desde la realidad y tiene como esencia el de ser un acto de resistencia al poder.

 

La huelga es ante todo un fenómeno social muy difícil de atrapar en un formato de norma jurídica, es una cuestión íntimamente vinculada con la vida real y un instituto propio y exclusivo de los trabajadores, fruto directo de la cuestión obrera. Todos los fenómenos del último siglo, todas las conquistas y todas las transformaciones han estado vinculadas de uno u otro modo con la huelga. La huelga es también, si dejar de ser un fenómeno social, fuente permanente de producción normativa y por qué no factor fundamental para la aparición del derecho del trabajo. La fuerza de la huelga exalta uno de los más bellos valores de la humanidad, la solidaridad; resumidas en el sentir la circunstancia del otro como propia. Nació y se mantiene como un elemento equilibrador y también como un espacio de libertad.

La libertad sindical, un género que comprende a la huelga, está sometida a un alto nivel de variables que relativiza la pretensión de formular consideraciones en forma abstracta, validas para todo espacio y todo tiempo. Vale más que toda tención hacia lo inmutable o duradero reconocer en el tema una tensión dialéctica, que obliga al oído atento a la cambiante realidad.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

La Policía y los adolescentes de la periferia. «Rutina es pegarnos»

 

 

Un informe de varias instituciones da cuenta de que habitar los barrios periféricos de Montevideo y Paysandú siendo adolescente implica situaciones de violencia cotidianas, que incluyen golpizas, balas de goma y hasta amenazas con cuchillos y picanas.

«En Casabó te paran diciendo que es rutina, todo el tiempo; vas caminando tranqui y te paran mal. Les preguntás qué hacen y siempre te dicen: “Rutina”. Rutina es pegarnos, siempre es rutina», dice uno de los chiquilines citados en el informe Adolescentes en comunidad. Experiencias de violencia institucional en Montevideo y Paysandú.

El informe releva el accionar policial cotidiano en barrios periféricos de Montevideo, específicamente en los Municipios A, D, F y G, y también en los de las zonas sureste y norte de la ciudad de Paysandú. El nombre de los barrios se omitió para evitar la estigmatización, pero la elección de los sitios no fue azarosa: según cuenta a Brecha Diego Silva, docente y coordinador de la Red de Estudios sobre Pedagogía Social y Subjetivación del Instituto Académico de Educación Social –una de las instituciones que llevó adelante el estudio–, decidieron dialogar con jóvenes que habitan los mismos barrios que los que están privados de libertad.

La Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) y la Universidad Católica del Uruguay también participaron en el informe. Los adolescentes entrevistados, en una o más ocasiones, fueron 115 en total: 78 de Montevideo y 37 de Paysandú, y más del 90 por ciento eran varones. Todos son estudiantes de educación media, viven con sus familias y participan en alguna organización de la sociedad civil. También hubo diálogo con los referentes institucionales. En resumen, el estudio afirma que los barrios en los que viven, sus edades y algunas «características estéticas», como la ropa, el pelo y los «modos de habitar» el espacio, son factores que «explican las intervenciones policiales».

A pesar de la gravedad de los relatos que se desarrollarán a continuación, Santiago González, director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior (MI), señaló al semanario que aún no leyó el informe, y aunque se le ejemplificó con alguno de los testimonios, dijo que no hablaría de «supuestos» y que prefería no expedirse sobre «un informe que no conozco ni sobre denuncias que no vi». El MI había sido invitado por la INDDHH a la presentación del estudio, pero según Gianina Podestá, del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura de la institución, no asistió, aunque sí se hizo presente el Poder Judicial. La semana pasada, Podestá junto con el director de la INDDHH, Wilder Tyler, presentaron el informe junto con el de Adolescentes en privación de libertad. Situaciones de violencia institucional desde una perspectiva preventiva de la tortura y otros malos tratos a la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes.

INTERVENCIONES DE RUTINA

Patadas, cachiporra, golpes, manotazos en la nuca, amenazas, maltrato verbal, provocaciones, humillaciones y «manoseo en zonas íntimas» son algunas de las características habituales del accionar policial al momento de detener en la vía pública a los adolescentes, según recoge el informe. Hubo consenso, a su vez, con respecto a que la Policía trata «peor» a los jóvenes que a los adultos. Cabe destacar que ninguno de los casos de detención ocurrió a causa de la comisión de un delito, sino simplemente transitando el barrio.

«Ahora es normal si te agarran, te pegan, y eso es normal. No sé si en otro tiempo habrá sido diferente», afirmaba uno de los entrevistados. «Antes te paraban y te preguntaban a dónde vas o te pedían cédula, ahora no te preguntan nada, solo te cagan a patadas y te abren de piernas», contaba otro. Silva, quien especificó que las instancias de diálogo fueron en setiembre, octubre y noviembre de 2020, no encuentra una asociación directa con la, en ese entonces, reciente Ley de Urgente Consideración, pero afirmó que varios adolescentes mencionaron que, desde que la ley rige, los policías tienen «un poco más de libertad en el despliegue represivo».

Aseguran que las intervenciones de rutina de la Policía están orientadas a «intimidar y atemorizar». De hecho, en los barrios mencionados la noche no es habitable porque «su sola presencia justifica intervenciones policiales para retirarlos del lugar». Según los adolescentes, cómo se visten o cómo caminan son factores de discriminación y, por ende, causas para ser detenidos.

«Ellos juzgan cómo te ves, asocian mucho al turro con el chorro.»
«Paran más a los que están mal vestidos; si andás con la ropa rota, descalzo, sucio o revisando volqueta.» «Ponele un día de frío, los gurises que juegan al fútbol, porque van con una mochila y con la capucha ya son delincuentes.» «Yo cuando andaba con el pañuelito de No a la Reforma en la mochila, me paraban mucho más.» Esos son algunos de los relatos. Por otro lado, el informe concluye que si bien mujeres y niñas no suelen ser detenidas, su rutina incluye el acoso callejero ejercido por la Policía.

La violencia institucional escala al uso de armas: cuchillos, picana, balas de goma. «Me apoyaron la cuchilla en la panza y me decían: “Dale, llorá; decime algo y te apuñalo y digo que te desacataste»», narraba uno de los adolescentes. Otra situación sucedió a la salida del liceo: le pidieron los documentos, le dijeron que se apoyara contra el móvil, pero solo con los dedos.

—No me vayas a tocar mucho el móvil –manifestó el policía.

—Ni que te vaya a manchar el móvil, vamo’ arriba –respondió el joven.

—Vamo’ arriba ¿qué? –le dijo, sacó la picana y se la «dio» en la costilla.

Balas de goma que rozan los cuerpos de los adolescentes o que tiran para arriba con el fin de asustar también forman parte de las cotidianidades relatadas. En una ocasión, uno de los adolescentes había ido a jugar al fútbol a la plaza de deportes, llegó una patrulla, les dijeron que tenían que irse, eran alrededor de las cinco de la tarde, «y uno agarró y cargó el arma para asustarnos».

«Los matamos y los dejamos tirados por ahí», contó que les dijo en otra oportunidad un policía, mientras los amenazaba de muerte con una cuchilla. Sobre esta misma arma, uno de los jóvenes aseguró que les quisieron «encajar un cuchillo para llevarnos para adentro».

El «tirados por ahí» manifestado como amenaza muchas veces se volvió hecho: «Nos metieron adentro de una camioneta, un par de vueltas manzana, nos cagaron a palos y nos dejaron allí donde no hay nadie». «En vez de ir para una comisaría, nos llevaron para una casa. No sé ni para dónde nos llevaron, sé que era cerca de Maroñas, veía por los agujeritos que tienen atrás las camionetas, casi que no te dejan ver, los botones estaban vestidos de particular.»

Algunas circunstancias de las detenciones fueron especificadas por los adolescentes: «Un amigo estaba en el lago tirándoles piedras a los patos, los cuidaparques llamaron a la Policía y lo colgaron en un árbol y le pegaban cachetazos. Lo tenían atado y lloraba». «Por robar Internet en el bar nos llevaron al contenedor rojo de ahí atrás y nos cagaron a palos.»

INDEFENSIÓN, DESCONFIANZA, NATURALIZACIÓN

«Ya es costumbre, ya. Como que decís: “Y bueno ta”. Hay que aguantarlo nomás, porque son varias veces, la primera vez sí estaba cagada, no sabía ni por qué, tenía miedo y todo. Pero ahora siempre es lo mismo, te paran hasta porque vas caminando lento.»

La naturalización de la violencia es uno de los factores que concluye el informe y que le preocupa a Silva. Como consecuencia, los adolescentes tienen una «sensación de indefensión y desconfianza en las instituciones y el mundo adulto». Debido a estas circunstancias denunciar las situaciones de violencia no suele ser una opción. En algunos de los casos más graves, como los últimos narrados, se hizo la denuncia, pero no tuvo mayor éxito. «La Policía no me transmite ninguna confianza, me siento perseguido»; «le tengo más miedo a la Policía que a los chorros», son algunos de los testimonios.

Ante la idea de que lo común es la violencia policial, el informe da cuenta de ciertas estrategias que desarrollaron los adolescentes para reducirla: «pasividad absoluta» cuando los detienen, no asistir a determinados sitios o mostrar documentos que «sirvan de disuasión o reducción de quantum de violencia».

Según Silva, se planea que el año entrante la INDDHH pueda continuar el trabajo con los referentes de las instituciones para que se puedan efectivizar algunas de estas denuncias, resguardando la identidad de las víctimas.

 

Publicado en: Brecha, Edición 1879 Sociedad. Autor Camila Zignago
26 noviembre, 2021