sábado, 19 de abril de 2025

¿Hay alguna manera de escapar de la espiral de demencia suicida que emana de la senescencia de Occidente?

 

¿Hay alguna manera de escapar de la espiral de demencia suicida que emana de la senescencia de Occidente?, se plantea el filósofo y escritor italiano en esta columna. La izquierda tal cual es es parte del problema, piensa.

Hace unos días recibí la invitación de una asociación estadounidense para participar en una convención que se celebrará en Chicago los días 5, 6 y 7 de abril. El tema de la convención es «¿Existe una izquierda en el siglo XXI?». Respondí rápidamente: «Por desgracia, mi salud es tan precaria que no puedo abordar el viaje a Chicago. Así que no podré estar con ustedes en persona. Sin embargo, escribiré un texto y lo publicaré antes de abril para que puedan leer mis reflexiones si les interesa conocer mi opinión. Gracias por la invitación».

Francamente (más allá de mi fragilidad física), no tengo ningún deseo de ir a Estados Unidos, a ese país aterrador donde una mafia de racistas agresivos gobierna a una población de individuos infelices que viven en una frenética competencia por la supervivencia.

Sin embargo, la cuestión que se debatirá en dicha convención es un buen punto de partida para una reflexión muy necesaria sobre el futuro (o el no futuro) de la subjetividad social en este siglo. Aquí está mi respuesta.

UNA PREGUNTA EQUIVOCADA

¿Existirá la izquierda en el siglo XXI? Mi respuesta es: esta pregunta no me parece interesante. El significado mismo de la palabra izquierda se ha perdido porque, con la excepción quizás de algunos países como España, la mayoría de quienes han formado parte de gobiernos de centroizquierda en los últimos 30 años han traicionado completamente a la clase trabajadora y a la sociedad en general. Además, el mundo en el que la palabra izquierda significaba algo ha desaparecido.

En Estados Unidos, en el Reino Unido y en la mayoría de los países europeos, la izquierda ha sido la punta de lanza de la devastación neoliberal de la vida social. La función de Tony Blair, Gerhard Schröder, François Hollande y los demás socialdemócratas que gobernaron en los años noventa y en la primera década del nuevo siglo fue devastar las condiciones de vida de la sociedad en favor del lucro y la competitividad, privatizar los servicios públicos y favorecer la transferencia de dinero de los trabajadores a los ricos. También la política racista de rechazo a los inmigrantes ha sido concebida y diseñada por políticos como el italiano Marco Minniti (excomunista, entonces ministro del Interior en un gobierno de centroizquierda, arquitecto de la política de deportación de los migrantes que inspira a Giorgia Meloni y a Donald Trump).

En Estados Unidos, los gobiernos de Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden se han alineado perfectamente con la política conservadora de agresión imperialista. Como resultado, se puede decir que en todo Occidente la centroizquierda ha sido responsable de la desilusión generalizada que llevó a muchos votantes a abandonar la izquierda y a volcarse al nacional-liberalismo emergente que finalmente culminó en la furia trumpista.

 

Los nazilibertarios están restaurando un régimen esclavista y empujando a Occidente hacia la agresividad nacional y la guerra. Pero la razón del ascenso de esta ola ultrarreaccionaria reside en la traición de la autodenominada izquierda. Por lo tanto, ¿por qué debería preocuparme por el destino de una clase política que, autodenominándose de izquierda, ha seguido las mismas políticas de la derecha?

La pregunta interesante hoy no es si existe una izquierda en nuestro futuro. La pregunta interesante es si nuestra existencia social encontrará o no una manera de escapar de la agresión en curso y del retorno de la esclavitud, del terror social, de la militarización y de la guerra. ¿Encontrará la vida social una vía para la subjetivación social? ¿Surgirá un movimiento (consciente, colectivo y solidario) en el contexto actual de competencia, depresión, pánico y deserotización de la vida social? Esta es la interesante pregunta que intento contestar.

PÁNICO

Una ola psicótica recorre la sociedad occidental: la causa de la psicosis de pánico masiva es una especie de colapso senil de la mente occidental.

¿Qué es el pánico? En el último capítulo de ¿Qué es la filosofía?, Gilles Deleuze y Félix Guattari reflexionan sobre el envejecimiento y hablan de la senescencia en términos de la relación entre el orden y el caos: «Un poco de orden para protegernos del caos. Nada es más angustioso que un pensamiento que se escapa a sí mismo, que las ideas que se escapan, que desaparecen apenas formadas, ya erosionadas por el olvido o precipitadas en otras que ya no dominamos […] infinitas variabilidades, cuya aparición y desaparición coinciden».

Caos se define aquí en términos de velocidad, de aceleración de la infoesfera en contraposición a los ritmos lentos de la razón y la mente emocional. Cuando las cosas empiezan a fluir tan rápido que el cerebro humano se vuelve incapaz de elaborar el significado de la información, debido al caos, entramos en el estado de pánico. Pánico es la incapacidad de tomar decisiones porque lo que sucede a nuestro alrededor es demasiado rápido, demasiado complejo y, por lo tanto, indecidible.

El pánico explica el comportamiento actual de la Unión Europea (UE), inconsistente hasta el punto de la demencia. Para complacer al amo estadounidense (Biden), hace tres años los líderes europeos decidieron empujar al pueblo ucraniano a la guerra contra Rusia. Rompieron el vínculo económico con Rusia y se pusieron en modo belicista, apoyando y armando el nacionalismo ucraniano. Fue una decisión suicida porque el propósito de Biden era romper la relación económica entre Europa y Rusia y derrotar a Alemania. Alemania ha sido derrotada, Ucrania ha sido destrozada. Europa ha sido empujada al borde del abismo.

Luego, el amo estadounidense (Trump) traicionó la causa ucraniana y abandonó a los europeos a su suerte. Millones de personas han abandonado Ucrania, innumerables jóvenes han muerto en las trincheras del Donbás. Los ucranianos están derrotados, empobrecidos y humillados. Los europeos se encuentran en una trampa. Tras caer en una crisis de pánico, Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz y Ursula von der Leyen decidieron hacer algo inútil, peligroso, destructivo y autolesivo: una enorme inversión de dinero para el rearme del continente.

¿Qué hacer en una situación de pánico? Mi sugerencia es que no se tomen decisiones, que no hay que centrarse en el torrente de información, sino que hay que respirar hondo y renunciar a la acción. Los líderes europeos, por el contrario, decidieron lanzar un plan masivo de rearme y reconversión militar de la industria automotriz.

¿Se quedarán los rusos de brazos cruzados mientras los europeos se arman hasta los dientes o Vladímir Putin decidirá atacar Europa antes de que esté lista para la guerra? La rusofobia generalizada de los líderes europeos corre el riesgo de convertirse en una profecía autocumplida. Mientras los europeos se apresuran a tomar las armas por temor a la agresividad rusa, tengo miedo de que los rusos no se queden esperando perezosamente el rearme completo de los europeos.

DEPRESIÓN

Según los psiquiatras, la depresión es la patología predominante de la generación que aprendió más palabras de una máquina que de la voz de su madre. La depresión es desagradable, es dolorosa; bueno, la depresión es depresiva. Así que harías casi cualquier cosa para liberarte de sus garras. Resulta que la movilización agresiva de energías mentales puede ser una terapia para la depresión.

Hitler lo sabía. A los alemanes deprimidos, humillados tras la Primera Guerra Mundial, les dijo: «No se consideren trabajadores derrotados, considérense guerreros. No se consideren humillados. Considérense humilladores». Él ganó las elecciones y los alemanes arrastraron a Europa a la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial.

La autoidentificación agresiva, la movilización nacionalista y el patriotismo actúan como una terapia de anfetaminas para la mente deprimida. Esta terapia funciona por un tiempo. Luego, se cae en tragedias abismales. Por eso la ola psicótica de la senescente cultura occidental converge con las decisiones políticas de una parte importante de la nueva generación.

Como pueden ver, la pregunta interesante no es si existirá la izquierda en el siglo XXI, sino cómo escapar de la reacción del ciclo pánicodepresivo que estalló abruptamente en 2025.

¿Es posible iniciar un proceso de subjetivación consciente y autonomía social?

DESERCIÓN MASIVA

Mis viejos amigos pacifistas expresan su consternación porque no hay movilización política contra el rearme de la UE ni manifestaciones masivas contra la creciente militarización de la economía y del discurso público.

Entiendo su consternación, pero sé que, desde el 15 de febrero de 2003, tras la enorme movilización mundial contra la guerra de Irak, el movimiento pacifista se ha disuelto. En aquella ocasión el pacifismo no pudo detener la guerra y hoy cuesta creer que las manifestaciones y las protestas sean útiles para frenar el frenesí.

 

La locura de los belicistas europeos no tiene su raíz en una estrategia política, sino en el colapso mental de la cultura occidental, incapaz de afrontar su propio declive irreversible. Y (obviamente) tiene su raíz en los intereses del complejo militar industrial.

Lo que necesitamos es mucho más que manifestaciones y protestas. Lo que la vida social necesita es una forma de escapar de la militarización de la sociedad europea. Lo que se necesita es una ola masiva de deserciones. Deserción de la guerra, pero también deserción de la economía de guerra y de la obsesión nacionalista.

OBSESIÓN

El año 2025 marca un antes y un después. En el siglo pasado, el marco de la subjetivación social era la lucha de clases: el internacionalismo y la solidaridad obrera contra la explotación. Ya no. El marco ha cambiado porque la conciencia social se ha hiperfragmentado, el tiempo social se ha celularizado y el semiocapital ha transformado el proceso de producción en una recombinación de fractales vivos. La solidaridad se ha borrado de la vida social debido a la precarización del trabajo.

 

La precariedad, el aislamiento y la soledad han desatado una ola de angustia mental y de disforia. La subjetivación social ha pasado del ámbito del conflicto social al de la sicobiopolítica. A nivel global, la identificación biológica (racial, étnica, nacional) ha sustituido la solidaridad social. La pertenencia ha sustituido la conciencia. La ferocidad y la lucha por la vida han sustituido el conflicto para la redistribución de la riqueza social. En consecuencia, la supervivencia y el genocidio son los puntos cardinales del nuevo mapa biopolítico.

CONCIENCIA Y SICOSIS

La conciencia (conciencia de sí mismo y del otro) está criminalizada: woke es la palabra clave de esta criminalización. Estar despierto (consciente) significa ser débil: la generación que algunos sociólogos llaman generación del copo de nieve [en el mundo hispano es más usual el término generación de cristal] es tan frágil porque los jóvenes asumen la responsabilidad de la colonización blanca y piensan en la sexualidad en términos de elección y no en términos de la supremacía natural del hombre.

Si quieres ser fuerte, olvídate de la conciencia, confía en Trump y en el dinero. Si quieres ser fuerte, olvídate del pensamiento y cree (en Dios, en la nación, en la supremacía blanca, en la civilización superior de Occidente).

En 1919, Sándor Ferenczi dijo que el sicoanálisis era incapaz de tratar la sicosis de masas. La política también. Todo el mundo sabe lo que sucedió en Europa después de 1919. Un siglo después, estamos en el mismo punto. Ahora surge una pregunta: ¿es invencible el reino de Trump? No lo creo. Creo que los monstruos no van a triunfar para siempre porque en todo el mundo han puesto en marcha un proceso de desintegración general: la desintegración del Estado, la desintegración de la civilización social, la desintegración del medioambiente.

 

El orden occidental se está desmoronando y se derrumbará. La cuestión que tenemos que investigar es la siguiente: ¿puede surgir una subjetividad colectiva y solidaria desde las ruinas de la civilización?

DESINTEGRACIÓN

Desintegración del mapa geopolítico, del sistema social y del cerebro senil de Occidente. La integración económica del Sur (BRICS) es un peligro para el senil mundo occidental. La inminente crisis del dólar como centro del sistema financiero global y el declive demográfico del hemisferio norte han empujado a Estados Unidos a abandonar el proyecto de globalización que fue el eje estratégico de los últimos 30 años (el llamado Imperio). Ahora apuesta todo a la alianza con Rusia por la supremacía blanca.

El trumputinismo es el proyecto de restauración del supremacismo blanco, la división hipercolonialista del mundo en zonas de influencia, la liquidación de la democracia liberal y el inicio de un proceso de devastación extractiva de los recursos del planeta.

Genocidio, deportación y detención de la población migrante, esclavitud masiva, destrucción definitiva del medioambiente: todo esto ocurrirá bajo la hegemonía de Trump y Putin.

¿Funcionará este proyecto? ¿Controlará la mafia depredadora los flujos caóticos de terror, sufrimiento y guerra que implica la desintegración en curso?

 

Desmoronamiento del orden, colapso inminente del medioambiente y de la economía. Trauma: este es el panorama del siglo.

TRAUMA

En la densa red de la obsesión, es posible percibir las señales de un colapso inminente, un trauma del futuro. El trauma suele estar vinculado a una experiencia pasada de pérdida o violencia. Ahora, por primera vez, nos enfrentamos a un trauma inverso: el trauma del colapso inminente e inevitable que atormenta la mente y el cuerpo de los jóvenes de todo el mundo.

La generación disfórica, que ha crecido en un estado de aislamiento físico y parálisis emocional, está traumatizada por la indescriptible percepción de una catástrofe inminente. Saben que el planeta es cada vez más incompatible con la vida humana. Sienten que los adultos se han vuelto incapaces de evitar el catastrófico cambio climático. Sufren su condición de soledad y son cada vez más incapaces de gestionar su propio cuerpo sexual. Finalmente, se ven abrumados por la intensificación de la estimulación infoneural. La generación del copo de nieve está traumatizada por algo que aún no ha sucedido, pero que se percibe como inminente, y un proceso de subjetivación solo puede basarse en esta experiencia común del trauma futuro. El desenlace de todo ha provocado un trauma que es el punto de partida del siguiente proceso de subjetivación.

¿Cómo construir un sujeto activo y consciente a partir de un trauma?

¿Hay alguna manera de escapar de la espiral de demencia suicida que emana de la senescencia de Occidente?

Esta es la pregunta que necesita respuesta.

Titulo Original: “UNA IZQUIERDA EN VÍAS DE DESINTEGRACIÓN. La pregunta”. Autor: Franco Bifo Berardi, 16 abril, 2025. Edición de Brecha  numero 2056

* Franco Bifo Berardi es filósofo y escritor italiano con fuerte participación en los movimientos sociales europeos en décadas pasadas. Su último libro editado en español es Últimos fulgores de la modernidad. Trabajo, técnica y movimiento en el laboratorio de Potere Operaio, Madrid, Traficantes de Sueños, 2024. Este artículo fue enviado por Berardi para Brecha.

 

viernes, 11 de abril de 2025

Ricardo Antunes ¿ es un privilegio se proletario?

 

-Usted ha escrito el libro O privilegio da servidão. ¿Ser proletario hoy es un privilegio?

 

Digamos que es una tragedia, porque cada vez más somos proletarios informales, precarios, intermitentes, dependientes de un aparato digital que no controlamos. Pero se puede volver un privilegio y es un privilegio cuando en el mundo hay miles de millones de trabajadores y trabajadoras que no tienen trabajo. Es por eso que O privilegio da servidão (El privilegio de la servidumbre) es una provocación. Si este mundo no sufre cambios profundos de aquí a diez años podré decir que fui moderado en mi análisis, pues la situación está peor de lo que yo imaginaba.

 

-¿Significa entonces que la clase trabajadora desaparecerá para convertirse en una especie de servidores o servidoras?

 

No, yo uso aquí servidumbre como metáfora. Yo la tesis que defiendo es que el trabajador y la trabajadora joven de nuestro tiempo que está dentro de las plataformas digitales, Amazon, Uber, Cabyfy o de Glovo, toda esa miríada de empresas digitales, se están convirtiendo en esclavos digitales. Al contrario de la desaparición del proletariado, que era una tesis eurocéntrica, nosotros tenemos una enorme ampliación del nuevo proletariado que no para de expandirse en todos los países del mundo. Estuve en Galicia en 2005, hace catorce años, sin conocer mucho a Galicia en detalles, pero fijándome un poco, imagino que hubo pérdidas de puestos de trabajo en industria, agricultura y tengo la certeza de que habrá una amplificación dentro de lo que son los puestos de servicio. Esos trabajadores y trabajadoras jóvenes de Cabyfy, Amazon o cualquier otra empresa digital, sean individualizados o no, conforman un nuevo proletariado. Así que no disminuye sino que, por lo menos en el sector servicios, esta aumentando. Si este mundo no sufre cambios profundos de aquí a diez años podré decir que fui moderado en mi análisis, pues la situación está peor de lo que yo imaginaba.

 

-Hablaba de una idea eurocéntrica sobre la desaparición del proletariado, ¿es que existe una visión latinoamericana diferente sobre el mismo punto?

 

Cuando hablo de idea eurocéntrica, hablo de diversos autores dentro de varios campos, que consideran que el mundo es Europa. Marx escribió una vez que Europa es un pequeño rincón en el mundo. América Latina y Asia son dos pies que trabajan fuerte. Entonces, ¿quienes son los eurocéntricos? No son todos los europeos, sino aquellos que ven a Europa como un todo en el mundo. Algo semejante a quién tiene a los EE UU como el centro del mundo, aunque EE UU tiene una gran aportación de inmigrantes.

 

SI ESTE MUNDO NO SUFRE CAMBIOS PROFUNDOS DE AQUÍ A DIEZ AÑOS PODRÉ DECIR QUE FUI MODERADO EN MI ANÁLISIS

 

-¿Cómo es posible que exista aún hoy, un pensamiento eurocéntrico?

 

Son un grupo de autores que miran al mundo con ideas estrictamente europeas. La clase trabajadora está desapareciendo. ¿Quién dice eso? Claus Offe, André Gorz, Toni Negri, aunque este último es algo diferente, Robert Kurz, yo soy muy crítico con ellos. Cuando ellos dicen que la clase trabajadora está acabando, olvidan que la clase trabajadora china, india, africana y latinoamericana son las que están aumentando en número. Y así como hay eurocéntricos también hay europeos que miran a todo el mundo en su conjunto, como Juan José Castillo, español, hace sociología del trabajo mirando al mundo, Alain Birh desde Francia o István Mezaros, que murió hace poco. Hay por tanto un número de pensadores europeos que no tienen esa visión eurocéntrica del mundo. Yo como latinoamericano no explico el mundo del trabajo desde Brasil, tengo que hacerlo desde México, Bolivia, EE UU, Europa o China.

 

-¿Entonces la idea de desaparición del proletariado nació muerta?

 

Es que no tienen razón, decir que la clase proletaria va a desaparecer es una aberración. Sería imaginar que el mundo podría mantener a miles de millones de personas sin trabajo, pero remunerándolos con dignidad. Eso sería imposible.

 

-Está la idea de la renta mínima. ¿Sería una posibilidad para mantener esa gente o no?

 

No estoy contra el salario mínimo o renta mínima universal, pero creo que es un analgésico para tratar una dolencia. No resuelve la cuestión. ¿Cuánto ganaría un suizo para vivir con dignidad en Suiza? ¿Dos o tres mil euros? Una persona en África, en México no tendrían esa cantidad dinero para vivir con dignidad. La renta mínima universal es la constatación de que el sistema del metabolismo social de nuestro tiempo es destructivo. Quien mejor lo describió fue István Mezaros, el sistema es destructivo, así que es necesario un analgésico. Aun así, la tragedia es más profunda. Por ejemplo la destucción de la Amazonia no es una tragedia solo del Brasil, es de la humanidad, diga lo que diga Bolsonaro, que es una figura grotesca, un indigente intelectual. Pero también es muy bonito ser sostenible en Suecia, en Noruega mientras empresas noruegas o suecas contaminan los ríos brasileños que después envenenan a las comunidades indígenas y comunidades pobres. Y si hablamos del capitalismo brasileño, es destructivo por sí mismo, pues nació sobre el trabajo esclavo.

 

DECIR QUE LA CLASE PROLETARIA VA A DESAPARECER ES UNA ABERRACIÓN.

 

-El sistema es destructivo por sí mismo.

 

La cuestión ambiental, la cuestión de género, la cuestión de etnia o raza en Brasil, colocando a los blancos a parte, ese universo diferenciado de trabajadores de comunidades indígenas, negros y pobres, no tienen condiciones para acceder a una renta universal mínima que les permitiera vivir con dignidad. Porque serían un volumen de capitales enorme y difícil de movilizar. ¿Por qué se corta la sanidad pública hoy? No es porque los capitalistas sean malvados, es que piensan solo en ellos. El uno por ciento de la población mundial que tiene la riqueza mundial piensa solo en ellos, se quedan con el 60% o 70%. Los cuatro grandes capitalistas brasileños producen lo mismo que la mitad de la población brasileña. Por tanto, no estoy en contra la renta mínima, sin embargo, para mí es solo un analgésico.

 

-¿La división internacional del trabajo desaparecerá en la era digital?

 

No, porque con el nacimiento de la industria 4.0, el Internet de las cosas, la inteligencia artificial y el bigdata, tendremos un resultado de desigualdad entre norte y sur. El norte verá disminuir el trabajo vivo o el trabajo como entendíamos hasta ahora. La industria 4.0 eliminará mucho trabajo directo. Entonces tendremos que un negro africano o latinoamericano o un indígena americano, tendrán salarios de 100 dólares y un blanco en el norte tendrá a lo mejor un salario de 2.000 dólares. Estamos en una era donde la destrucción global depende de disputas entre grandes empresas globales. Hace diez años Amazon no estaba entre las grandes empresas del mundo, pro desde 2014 Amazon, Google o Facebook, son de repente las empresas con más valor en el mundo, la primera de ellas, Amazon. Hay una guerra entre empresas, en EE UU grandes empresas critican a Amazon porque opera sin trabajo. Es una guerra salvaje.

 

-Pero esto ha de tener un reflejo social.

 

Cuando fui a la India pude ver que Brasil era Suiza comprado con ese país de Asia. La India tiene una miseria absolutamente naturalizada, aceptada como natural. La vaca es sagrada, el ser humano es un animal. Los intocables, lo más bajo dentro del sistema de castas, no tendrían derecho a la renta básica por ese sistema, y hablamos de cientos de millones de personas.

 

-¿Existe un objetivo último de la clase dominante cuando se aplica la precariedad?

 

No, la precariedad es consecuencia de la crisis de 1973. La crisis de 2008-2009 tuvo más profundidad porque el epicentro estaba en los países del norte. Ahí comenzaron los movimientos de Indignados, Geração á Rasca o Occupy Wall Street y el movimiento de Tziriza, que casi rompen con el Fondo Monetario Internacional. A esto sumarle las reveliones en los países árabes, en Brasil y otras partes. Es una época de rebeliones, pero no se transformó en una época de revoluciones. Una revolución es un proceso más complejo. Ahora estamos en un momento de contrarrevolución preventiva de una amplitud global. Un ejemplo, Trump, Brexit, Urbam, Duterte en las Filipinas, neonazismo y Vox, Bolsonaro y todo este movimiento de contrarrevolución está controlado por el gran capital. Uber, Cabyfy, General Motors, Coca Cola etc, tienen el control del mundo financiero, y ese mundo financiero tiene una visión clara en relación al trabajo. Entienden el trabajo como coste. Si lo entienden así hay que aplicar recortes entre los trabajadores, eso se traduce en el molino satánico de Karl Polanyi. La tecnología de nuestro tiempo no es una tecnología hecha para la humanidad.

 

-¿Para quién entonces?

 

Estamos a favor de la inteligencia artificial, ¿pero quién se beneficiaría más, los hospitales ricos o los de la periferia? No estoy hablando de Europa, en Brasil incluso los que tenemos una visión de lo público, tenemos seguro privado, porque el sistema público no puede atender la brutalidad de las enfermedades de los pobres. La tecnología es para las grandes corporaciones. Huawei, por ejemplo, ¿qué beneficio tiene para los siete u ocho mil millones de personas que viven en el mundo? No aporta nada relevante, solo cambiar nuestros aparatos electrónicos, pero si tienes que comer, si tienes que buscarte la vida, ese aparatito no te lo va a resolver. La manera de trabajar será la misma en todas partes, con trabajadores mayoritariamente autónomos porque es una lógica de mercado que se aplica desde el mundo del mercado. El trabajo que más crece hoy en el mundo está en las plataformas digitales, con contratos de cero horas, “cero hours contract”, falsos autónomos, eso se traduce en que los trabajadores no tienen derechos, porque los trabajadores no son tal, son prestadores de servicios.

 

-¿Cómo es eso?

 

Las empresas dicen no tener más responsabilidades, pero el algoritmo demuestra que el trabajador ha estado tantas horas trabajando. La ubicuidad, la geek economy, «tengo un trabajo estable y si quiero tener una serie de productos que me gustan, trabajo en otra compañía unas horas». Hay empresas de nuevas tecnologías que tienen incluso suicidios dentro de sus cuadros, como sucedió en France Telecom. El trabajo es un valor transformado en des-valor para crear más valor. Decir esto es fácil, lo difícil es cambiarlo. El sistema del metabolismo social de nuestro tiempo es destructivo e incontrolable. O vamos con él hasta la tumba o lo reconvertimos. Como canta Caetano Veloso “el munto está fuera de sí”, el mundo está en un desorden confuso. Aun así, la historia de la humanidad es imprevisible, eso fue así con la caída de la URSS. El pensador Francis Fukuyama dijo que el capitalismo es eterno. Para nuestra suerte, ni Fukuyama cree en lo que dice.


lunes, 30 de diciembre de 2024

¿ Feliz año nuevo?

 

El Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala consignó que en 2023 existían al menos 59 conflictos entre Estados, la cifra más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y la tendencia es al empeoramiento. También, la proporción de víctimas civiles es creciente y lo que nosotros llamamos víctimas de genocidio o limpieza étnica, sean palestinos, armenios, sudaneses, uigures y tantos otros más, se suman a las víctimas de las migraciones provocadas por conflictos, fanatismo, cambio climático o miseria.

Mark Rutte, el nuevo secretario general de la OTAN, en su discurso del 12 de diciembre afirmó que «es hora de pasar a un estado de ánimo de guerra». Llamó a los gobiernos a gastar más, a organizar la economía para multiplicar la fabricación de armamentos, porque es la única forma de «proteger nuestro estilo de vida». Su objetivo es llevar el gasto militar a los niveles de la Guerra Fría: un 3 por ciento del PBI. Les dice a los pueblos de Europa: «Llamo a vuestro apoyo. La acción es urgente, los políticos deben oír sus voces. Digan a sus gobiernos que están dispuestos a hacer sacrificios hoy para estar en seguridad mañana; que gasten mucho más en defensa para continuar viviendo en paz». Rutte les pide que renuncien a sus conquistas sociales para concentrar las fuerzas en el armamentismo, es decir, que renuncien a su estilo de vida «para salvar su estilo de vida». Lo hace apelando al miedo a Rusia.

Las dos guerras mundiales que marcaron el siglo XX tuvieron como protagonistas a Alemania y a Francia. La necesidad de superar las raíces de sus conflictos dio origen a la Comunidad Europea y fin al eterno conflicto entre esos dos países, porque lograron mejorar la calidad de vida de sus pueblos. Rutte llama a destruir ese principio. Ni siquiera sugiere buscar otras formas de evitar el conflicto. Llama a financiar la industria bélica con los fondos de pensiones, bajar los servicios sanitarios y disminuir la seguridad ciudadana. No ve otra salida. Rutte pregona «la paz por la fuerza», doctrina expresada por Trump.

¿Somos incapaces de encontrar otro camino que no sea organizar la muerte para resolver conflictos? El 30 de julio de 1932 Albert Einstein decidió escribirle a Sigmund Freud y le preguntó: «¿Existe algún medio que permita al hombre liberarse de las amenazas de la guerra?». Los dos sabios comenzaron un intercambio epistolar memorable en el que reflexionaron sobre las causas de la guerra y las soluciones posibles. Ambos reconocieron que la guerra está arraigada en la naturaleza humana. Einstein planteó la necesidad de entender las raíces del odio y la capacidad destructiva de nuestra especie, Freud respondió que la violencia es una respuesta natural a los conflictos y los intereses humanos, y afirmó que la solución vendría si la humanidad lograba manejar sus instintos primarios, eros (vida) y tánatos (muerte). Ambos se mostraron escépticos sobre la eficacia de las soluciones políticas tradicionales y expresaron dudas sobre el papel del derecho y las instituciones en la regulación de conflictos, considerando que estas eran insuficientes para contrarrestar nuestro instinto destructivo. Einstein creía en la existencia de un «apetito político del poder» impulsado por intereses económicos y por quienes se beneficiaban de la fabricación y venta de armas, y cuestionó cómo una pequeña élite podía dominar la voluntad de las masas, que eran quienes sufrían las consecuencias de los conflictos bélicos. Sugirió que una posible solución era crear un cuerpo legislativo y judicial internacional que pudiera arbitrar conflictos entre naciones. Sin embargo, reconoció que esto requeriría que los Estados renunciaran a parte de su soberanía, lo cual era poco probable dado el deseo humano por el poder. Freud coincidió en que había un instinto destructivo inherente al ser humano, que podía ser canalizado y controlado a través de estructuras sociales y legales adecuadas, aunque siempre existirían tensiones en las relaciones humanas. Ninguno de los dos se mostró particularmente optimista.

Cinco años después estallaba la Segunda Guerra Mundial. La humanidad puso en práctica algunas de las instituciones que sugerían Freud y Einstein, que dieron lugar a la Organización de las Naciones Unidas. Hoy somos testigos de un profundo debilitamiento del sistema. Las preguntas de ambos siguen vigentes, pero sabemos también que existe un deseo humano y profundo de paz, seguridad y solidaridad. ¿Podrá ayudarnos el desarrollo de las ciencias del cerebro? En casi todas las grandes y pequeñas narrativas que le dan forma a nuestra manera de ver el mundo hay una fuerte bipolaridad, reflejo tal vez del eterno conflicto en que vivimos. La cosmovisión más difundida de todos los tiempos afirma que vivimos inmersos en una lucha permanente entre el bien y el mal. Mitos, leyendas y religiones cuentan de miles de maneras esa misma historia. Dios y el diablo, el pecado y la virtud, Eros y Tánatos. Las religiones politeístas también plantean un desafío bipolar: la lucha pasa dentro de uno mismo, entre las emociones y la espiritualidad.

El órgano de nuestra bipolaridad es el cerebro, que es relativamente simétrico, pero no como las dos partes de una naranja, sino como dos partes fuertemente conectadas pero diferentes en cuanto a sus funciones y capacidades. No se trata de un hemisferio para el bien y otro para el mal. Se trata de un todo, resultado de la supervivencia, perfeccionado por la supervivencia y dedicado a la supervivencia. Fueron miles de siglos en que algunas características biológicas útiles para vivir y reproducirse se transmitieron de generación en generación, y, en el caso de nuestra especie, con el desarrollo del lenguaje, con experiencias y narrativas transmisibles, con la cultura.

El pensamiento bipolar es fruto de la selección natural. Sobreviven más aquellos que pueden tomar una decisión rápida. Frente al león en la puerta de la caverna, quien se queda pensando en todas las hipótesis de acción posibles tiene menos chances que aquel que decide salir corriendo o enfrentar a la fiera. Pero la evolución de las civilizaciones nos enfrenta a situaciones mucho más complejas. Tenemos los medios para pensar en situaciones que no se resuelven con blanco o negro, vida o muerte.

La capacidad de pensar en sistemas complejos no le ha llegado al secretario general de la OTAN, que sigue pensando como el hombre de las cavernas. Un buen llamado a los pueblos no es el de los sacrificios para producir armas, sino el de más esfuerzo por justicia, solidaridad y paz.

Titulo original: LA DOCTRINA DE LA PAZ POR LA FUERZA ¿Feliz Año Nuevo?. Autor: Leo Harari. Publicado en Brecha del 26 diciembre, 2024


viernes, 6 de diciembre de 2024

Los retos de la izquierda en el mundo del trabajo

 

Individuo, empresa, productividad y empleo han sido los pilares del modelo laboral del gobierno actual. Un relato que, con base en estos fundamentos, decía que se comprometía con los intereses de los trabajadores terminó por responder a las contradicciones del capitalismo inclinándose por defender los intereses empresariales. En el marco de los consejos de salarios, el gobierno actual acompañó la posición de los empresarios en la gran mayoría de las votaciones; en el proyecto de ley para regular el trabajo a través de plataformas digitales, la propuesta dejó en manos de la empresa la elección del tipo de contratación, aunque en los hechos encubra verdaderas relaciones de dependencia; en la controvertida Ley de Urgente Consideración se planteó una limitación al derecho de huelga. Podríamos extendernos en los ejemplos, que abundan.

Esta consolidación del desequilibrio de poder a favor de los empresarios debería cambiar en el futuro cercano, o al menos es lo que promete el Frente Amplio (FA) en sus bases programáticas. Ahora bien, convertir esta promesa en acción supone un gran desafío, especialmente en un contexto de transformaciones que están redelineando el mundo del trabajo.

La cadencia acelerada del avance tecnológico va dejando su huella en distintos ámbitos y, como era de esperarse, el laboral no es la excepción. El impacto es innegable: nuevos paradigmas productivos, formas de organización del trabajo que suman al espacio físico de la empresa uno virtual, un control permanente sobre el esfuerzo de los trabajadores y un límite difuso entre tiempo de trabajo y tiempo libre son solo algunos de los aspectos que sobresalen. Este vertiginoso escenario muestra una enorme contradicción: si bien los trabajadores están cada vez más disponibles (dentro y fuera del espacio laboral), son prescindibles y las condiciones de trabajo no mejoran.

En la búsqueda de soluciones para hacer frente a esta situación ha resucitado en el debate público la expresión flexibilidad laboral. Aparece esta vez, como lo ha hecho otras tantas veces, como un recurso para persuadir acerca de la necesidad de salir de la rígida regulación laboral, que es la que estaría entorpeciendo la adaptación a las nuevas formas de trabajo y la demanda de tiempo libre de los trabajadores. ¿Será esta la herramienta que nos permitirá enfrentar la nueva realidad económica y alcanzar nuestra propia autonomía?

En la forma en que se ha utilizado en este último tiempo, la flexibilidad gravita en torno a dos ideas centrales: la desregulación y la individualización.

Por un lado, la propuesta es la remoción de algunos límites contenidos en la legislación del trabajo como una vía para brindar más libertad a los trabajadores para moldear su vida, a la vez que favorece una mayor adaptabilidad de la empresa a los cambios económicos y tecnológicos. Por otro lado, la individualización de las relaciones laborales resalta la necesidad de adaptar las condiciones de trabajo a las circunstancias particulares de cada trabajador. Este enfoque privilegia acuerdos personalizados con horarios flexibles, remuneraciones variables, etcétera.

 

Suena bien, ¿no? Ahora bajemos a la realidad.

 

De partida, hablar de flexibilidad laboral como si fuera un concepto único, claro y con contornos precisos es una ilusión. Se trata de una idea confusa que no está alejada de los intereses económicos, políticos e ideológicos de quien la utilice, por ello, para algunos tiene una carga positiva porque aumenta la productividad de la empresa, mientras que para otros despierta rechazo o al menos una sospecha, ya que su implementación puede dejar a los trabajadores en peores condiciones.

A los trabajadores se les pide que estén abiertos al cambio, que dependan cada vez menos de las protecciones normativas y más de su propio poder de negociación. El problema es que esto parte de un supuesto cuestionable: que trabajadores y empleadores se encuentran en igualdad de condiciones para negociar los términos y los aspectos esenciales de la relación laboral, y la realidad evidencia que esta igualdad es ficticia.

Las empresas, dotadas de mayores recursos, información y poder, cuentan con una posición estructuralmente más fuerte frente a los trabajadores, quienes enfrentan riesgos más significativos, como la pérdida de ingresos y la estabilidad laboral. En este contexto, la dependencia de los trabajadores respecto a su capacidad de negociación individual los expone a situaciones de vulnerabilidad, sobre todo en ausencia de mecanismos colectivos sólidos que equilibren esta asimetría.

El auge del capitalismo y las ideologías vinculadas con el neoliberalismo ponen su foco en el poder individual, lo que esconde una defensa de ciertos intereses inconfesos de reducir la participación colectiva y el ejercicio de medidas de acción, especialmente la huelga. Algo de lo que ha pasado en estos últimos años. Pero, además, la regulación laboral en nuestro país no se caracteriza por ser especialmente rígida. En términos generales, existe discrecionalidad para elegir la modalidad de contratación: indefinida, a plazo cierto (contrato a prueba, a término) y a plazo incierto (por temporada, por obra, eventual). También aparecen en la práctica una multiplicidad de contratos atípicos con ventajas –especialmente– para los empleadores. Se permite la modificación unilateral del contrato de trabajo por la vía del denominado ius variandi, incluso se permite la modificación de aspectos sin acuerdo del trabajador, bajo ciertas circunstancias y a condición de que no exista menoscabo.

El despido es libre si se paga una indemnización. Se puede poner fin al contrato de trabajo sin preaviso, sin invocar causal, y no existe la figura del despido colectivo, como sí hay en otros países, por lo que el empleador puede despedir a cualquier número de trabajadores sin requisitos adicionales. ¿Cómo se explica, entonces, la afirmación sobre la «rigidez» de nuestro sistema y la exigencia de más flexibilidad? Que la aparición en el debate sobre el futuro del trabajo nos lleve a preguntarnos: ¿flexibilidad para qué o para quiénes? ¿Se trata de una exigencia impuesta por los cambios económicos y tecnológicos o por una necesidad de lucro?

Richard Sennett da pistas para responder a estas interrogantes al señalar que, «en la actualidad, el término flexibilidad se usa para suavizar la opresión que ejerce el capitalismo», lo que sugiere que esta solución, lejos de adaptarse a las necesidades de los trabajadores, permite a las empresas ajustar las condiciones laborales sin garantizar estabilidad ni protección.

Alguien podría pensar que, aun así, pueden existir ámbitos que requieran la adaptación de la forma de trabajo o de la mano de obra, y eso es cierto. En este supuesto, la negociación colectiva podría ser el camino. Pero esta idea de flexibilidad de las relaciones de trabajo que aparece –y lo seguirá haciendo– como una solución magistral a todos los avatares de la vida laboral no lo es, al menos no en la forma en que se propone.

Entonces, ¿cómo lograr que los avances en el mundo laboral no impliquen un retroceso en las condiciones de los trabajadores?

Cualquier propuesta política de adaptabilidad debe venir acompañada de garantías sólidas de protección. En este contexto, resulta imprescindible atender tres aspectos clave. Primero, avanzar hacia la reducción de la jornada de trabajo (la propuesta en este sentido es reducir la jornada semanal a 40 horas). Segundo, implementar un mecanismo especial de tutela efectiva de derechos tales como la privacidad, la libertad de expresión, la integridad física y la psíquica, que resultan cada vez más vulnerados. Uruguay carece de herramientas adecuadas para que los trabajadores puedan exigir su reparación. Tercero, es crucial revisar el marco legal regulatorio del despido y avanzar del despido libre hacia un sistema basado en causales que garantice mayor estabilidad.

En definitiva, cumplir con la promesa de hacer del trabajo «una prioridad» supone construir un modelo laboral que ponga a los trabajadores y su protección en el centro, eso es lo que se espera de la izquierda.

Titulo original: LOS RETOS PARA LA IZQUIERDA EN EL MUNDO DEL TRABAJO De la mano invisible a la protección visible. Autor: Andrea Rodríguez Yaben. Publicado en Brecha número 2036 del 28 noviembre, 2024

domingo, 13 de octubre de 2024

¡ A ti se refiere la historia!

 


“Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes. La sede clásica de ese modo de producción es, hasta hoy, Inglaterra. Es éste el motivo por el cual, al desarrollar mi teoría, me sirvo de ese país como principal fuente de ejemplos. Pero si el lector alemán se encogiera farisaicamente de hombros ante la situación de los trabajadores industriales o agrícolas ingleses, o si se consolara con la idea optimista de que en Alemania las cosas distan aún de haberse deteriorado tanto, me vería obligado a advertirle:

De te fabula narratur! [¡A ti se refiere la historia!]”

(Marx, 1867, Prólogo a la primera edición alemana)

Con esta advertencia, Marx prologa la primera edición alemana de El Capital, haciendo referencia al alcance universal que plantea la génesis, consolidación y desarrollo de los procesos de sociabilidad burguesa basados en un determinado modo de producción, el modo de producción capitalista.

En El Capital, se exponen los elementos centrales de una teoría que concibe la constitución del ser social a partir de la actividad del trabajo como fundante de los procesos de sociabilidad más amplios. El trabajo entendido como protoforma de toda praxis social. Es a través de la praxis que el hombre se objetiva y a partir de dicha actividad se crea una diferenciación ontológica entre el sujeto, portador del objeto en una esfera / dimensión ideal y el objeto creado en el proceso de objetivación. La objetivación de una determinada práctica, genera nuevas necesidades y determinaciones que desencadenan nuevas finalidades y por lo tanto nuevas objetivaciones. Es la praxis humana la que se presenta como una unidad sintética y contradictoria de la tridimensionalidad del tiempo; es decir, síntesis de pasado, presente y futuro.

Marx con ello, realiza una crítica superadora (superación entendida como negación pero conservación en una forma superior) de la herencia filosófica de la tradición idealista de Hegel y materialista de Feuerbach, cuyo punto de inflexión la había procesado ya por 1843-1845. Pero este elemento por si sólo significaba un momento general y abstracto. Fue el análisis y la crítica de los autores clásicos de la economía política los que permitieron descubrir la prioridad ontológica que poseen las determinaciones económicas – políticas, en la explicación del devenir concreto (como síntesis de múltiples determinaciones) de una dinámica socio/histórica en particular. Pero su teoría estaría inconclusa sin el aporte tomado de los socialistas utópicos, fervientes expositores de la necesidad de transformación de la sociedad burguesa. Es en la crítica del utopismo, que su pensamiento se presenta como la antítesis del “voluntarismo” y del “fatalismo”. Marx reafirma la concepción de que la sociedad burguesa es un producto socio/histórico concreto, colocando en el centro a los seres humanos como seres onto/creadores. Es así que al polemizar con Proudhon en la Miseria de la filosofía (1847) ya hacía referencia a la necesidad de profundizar en el hombre concreto, en cada proceso social, reconociendo sus necesidades, sus formas de organización social, los modos de producción y reproducción, sus formas de ser y pensar. Comprender las relaciones que se establecen entre los seres humanos a partir de determinadas relaciones concretas de producción significa reproducir intelectualmente, la perspectiva de la realidad como una totalidad histórico- concreta y la historia de los seres humanos como autores y actores de su propio drama.

El Capital no significaba para su autor una obra cerrada o acabada. Tampoco era expresión de un momento de inspiración. En esta obra se expone la nueva fase del proceso de investigación y análisis que comenzó en 1843-44, tuvo un punto de inflexión importantísimo en 1859 con el Prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, comenzando a transitar hacia su momento de madurez, que se objetiva en esta obra y continua hasta su muerte.

La segunda mitad del siglo XIX, constituye un momento de expansión del proceso de producción capitalista de mercancías, en que la fuerza de trabajo se vuelve, ella misma, una mercancía más. El mercado se presenta como la forma específica de sociabilidad que muestra y esconde al mismo tiempo la unidad orgánica de la totalidad constituida por la producción, distribución, circulación y consumo. La mercancía es la célula económica capaz de mostrar la anatomía de la sociedad burguesa, en tanto como forma social específica de producción de la riqueza, contiene al mismo tiempo, trabajo concreto y trabajo abstracto, valor de uso y valor de cambio.

Según Marx, no constituye esto una mera minucia o sutileza declarada por el Profano. Con la abstracción del valor de uso, de las propiedades particulares de cada producto, se desvanecen todas las cualidades del proceso de trabajo específico y las determinaciones particulares productivas del trabajo, reduciendo los procesos de trabajo a trabajo humano indiferenciado, a trabajo abstractamente humano.

Es en el mercado que se desarrollan las relaciones cuantitativas en las que las mercancías se intercambian, unas por otras. El valor aparece como contingente, relativo e intrínseco. Sobre esta apariencia emerge lo misterioso de la forma mercantil. Las formas sociales del producto del trabajo humano emergen como reflejo ante la mirada de los seres humanos, con características objetivas, intrínsecas, naturales, propia de cada cosa. Las relaciones sociales se presentan al margen de las relaciones entre productores. El fetichismo se expande a todas las formas de la relaciones sociales y es sintetizado por Marx en la frase: Quid pro quo (tomar una cosa por otra).

A lo largo de esta obra , Marx expuso la esencia del proceso de valorización del capital basada en la propiedad privada de los medios de producción, en una división social del trabajo que fragmenta el hacer del pensar, en la explotación cada vez más extensiva e intensiva del trabajo asalariado, en la acentuación de las contradicciones de clase y la emergencia recurrente de las crisis como amenazas constantes y oportunidades para sostener la ley general de acumulación capitalista, según la cual, la producción de la riqueza social implica al mismo tiempo la reproducción de la pobreza.

El metabolismo de reproducción de las contradicciones sociales gestan las condiciones de posibilidad para su superación. El modo particular de explotación del trabajo en la sociedad burguesa generando procesos de des-socialización crecientes, multiplica y agudiza las contradicciones y conflictos de clase.

Marx nos advierte: lo que aquí se trata como objeto de análisis y reflexión, es nuestra propia historia. Esta realidad no nos es ajena como trabajadores organizados y no podemos establecer con esta obra un punto de vista puramente teórico. La teoría social propuesta está directamente vinculada a la búsqueda de leyes tendenciales que explican la esencia del proceso de producción y reproducción de las relaciones sociales en la sociedad burguesa, para contribuir a la construcción de un proyecto de transformación social revolucionario.

En la contemporaneidad, la nueva configuración de la clase trabajadora (más heterogénea, compleja y fragmentada) desde el punto de vista objetivo como subjetivo por las transformaciones ideológico/políticas que ha significado el avance del capital con su proyecto neoliberal y neoconservador, la derrota del régimen soviético y las insuficiencias del reformismo social/democrático, no puede ceder ante la prédica del fin de la historia y la perpetuación eterna de la sociedad capitalista.

La actual coyuntura, por sí misma, no significa la eliminación de las posibilidades de transformación de las relaciones sociales en la que nos encontramos los trabajadores, la disminución de nuestras capacidades de lucha, ni nos priva de las posibilidades de triunfar.

Para Marx, la lucha de la clase trabajadora, como sujeto histórico revolucionario, es una lucha con sentido emancipatorio, cuyas posibilidades objetivas deben ser forjadas en el aprovechamiento de las situaciones de crisis. Crisis que en la contemporaneidad son cada vez más recurrentes e invaden todas las esferas de la vida social: crisis ecológica, crisis socio-económica, crisis política, crisis simbólica y de sentido.

El movimiento obrero organizado tiene el desafío de afrontar el conjunto de las crisis dando unidad a todos los desafíos que ponen en riesgo la propia sociedad al arrastrarla hacia la barbarie dentro del actual padrón producción social. No es posible, desde la perspectiva teórica fundada por Marx, tener un posicionamiento derrotista ni de resignación. El desafío es la reconstrucción del movimiento obrero revolucionario, la discusión de su proyecto emancipatorio, su reconfiguración como sujeto político y la redefinición de la estrategia a desarrollar.

Las conquistas de los derechos económicos, políticos y sociales dentro de los límites de la sociabilidad burguesa han estado signados por la conquista democrática de los trabajadores que se han organizado en el marco del movimiento sindical como en las distintas expresiones político/partidarias. Ambos instrumentos (sindicatos y partidos) son centrales en el proceso de construcción de un proyecto revolucionario transformador, que busque confrontar el vaciamiento político que la propia dinámica del capitalismo engendra e intencionalmente promueve como forma de silenciamiento de los de abajo, generación de impotencia, apatía, e indiferencia.

No hay resistencia en la indiferencia. Especialmente los trabajadores a través de nuestras organizaciones de clase, debemos reapropiarnos del proceso de socialización de la política que el propio capitalismo generó en su proceso de expansión a fines del siglo XIX y XX.

Hoy, la ofensiva del capital profundiza el proceso de mercantilización y fetichización de la vida social en su conjunto, y se acompaña de la renovación del pensamiento neoconservador que promueve la acción política como una acción de élites dirigentes/intelectuales. A lo sumo, en el mejor de los casos presenta las distintas esferas de la vida social como esferas segmentadas y fragmentadas, como objeto de luchas parciales. La resistencia debe ser construida en la unidad de la clase trabajadora más allá de las divergencias político/partidarias. Unidad de la diversidad de tendencias, purgando los vicios y las prácticas de partidización y dominación en el marco de aparatos.

En aquella advertencia de Marx a los obreros alemanes, encontramos la síntesis del compromiso para la unidad y la lucha. Recuerda: ¡A ti se refiere la historia!

A modo de síntesis, transcribimos uno párrafos de la carta por un obrero, a propósito del significado que tuvo El Capital.

"Al Doctor Karl Marx, en Londres:

Señor:

Permítame, se lo ruego, que a pesar de que usted no me conozca, le rinda homenaje por los méritos inapreciables que ha adquirido con sus investigaciones. La ciencia y, sobre todo, la clase obrera le deben su agradecimiento. Desde mi juventud, a pesar de que entonces sospechaba más que comprendía la rica sustancia de sus escritos, fui cautivado por ellos y no cesaba de leerlos y releerlos hasta que se me presentaban con suficiente claridad. El entusiasmo que me produjo el estudio de su obra publicada en Hamburgo me ha llevado a la inmodestia, quizás inoportuna, de presentarle mi reconocimiento, mi respeto y mi gratitud.

[…]

En su obra explica usted por primera vez, de manera clara, irrefutable y científica, lo que a partir de ahora constituirá la tendencia consciente de la evolución: someter a la conciencia humana el proceso de producción social, el cual hasta el presente constituía una fuerza ciega de la naturaleza. Su obra inmortal es haber dado inteligencia a esa tendencia, es haber demostrado que nuestra producción no tiene cabeza. Con el tiempo, recibirá un reconocimiento eterno. También leo entre líneas en su libro que su economía fundamental supone a su vez una filosofía fundamental.

[…]

Perdóneme por haber abusado así de su tiempo y de su atención; pero he creído que usted estaría contento si le demostraba que la filosofía de un trabajador manual es mucho más clara, por regla general, que la de nuestros profesores de filosofía actuales. Apreciaría más su aprobación que mi nominación para cualquier academia.

Acabo la carta recordándole una vez más mi gran interés por sus esfuerzos, que van mucho más allá de nuestro tiempo. El desarrollo social, la lucha por la supremacía de la clase obrera, me interesan mucho más vivamente que mis asuntos privados. Sólo lamento no poder cooperar de manera más decisiva. Allons, enfants, pour la patrie!!!"

Josef Dietzgen

Maestro-obrero en la fábrica de cuero Vladimir Vassili-Ostrov, San Petersburgo.

24 de octubre (5 de noviembre) de 1867.

Publicado en las Cartas a Kugelmann.

Autora:

Prof. Adjunta FCS. Master Servicio Social. Grupo de Estudios del Trabajo. Secretaria General de la Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social

Bibliografía:

Karl Marx. (1867) El Capital. Siglo Veintiuno editores. Buenos Aires. 2010

__________(1847) La Miseria de la Filosofía. Ediciones Bergua. Madrid. 1933

_________ Cartas a Kugelmann. Ediciones Península. Barcelona . 1974

   

   

domingo, 25 de agosto de 2024

Treinta años de la masacre de Hospital Filtro

 

En 1994, el reclamo por el derecho al asilo de tres vascos acusados de terroristas derivó en una de las más feroces y descarnadas represiones policiales de nuestra historia.

En un restorán de comida vasca en Pocitos, La Trainera, en mayo de 1992, fueron detenidos por la policía, acusados de pertenecer a la ETA y procesados por tener documentos falsos, 13 ciudadanos vascos que trabajaban allí. Según el entonces ministro del Interior, Juan Andrés Ramírez, este golpe se dio porque en el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera existía la sospecha de que estaban tramando actos de desestabilización junto con ex guerrilleros tupamaros.

Si bien el gobierno español de Felipe González solicitó la extradición de ocho de ellos, finalmente la Justicia dictaminó en 1993 la extradición de tres: Jesús Goitia, Luis María Lizarralde y Mikel Ibáñez. Un grupo de militantes formó una comisión pro-asilo político para los detenidos y realizó algunas pequeñas manifestaciones hacia la Cárcel Central, donde estaban alojados a la espera del dictamen de la Justicia.

En agosto de 1994, y ante la inminencia de su extradición, los vascos iniciaron una huelga de hambre y a los nueve días de la medida fueron trasladados al hospital Filtro en delicado estado de salud, donde el viernes 19 decidieron también dejar de ingerir líquidos. Se anunció la llegada de un avión del gobierno español para el siguiente martes y los vascos manifestaron estar dispuestos a morir en tierra uruguaya, antes que ser entregados al gobierno español, sobre quien pesan graves denuncias de torturas y todo tipo de violaciones a los derechos humanos a los separatistas vascos.

A pesar del frío y la lluvia, la solidaridad no se hizo rogar. Algunos puñados de personas convocaron a una vigilia y acamparon en los alrededores del hospital reclamando asilo político. Unos con carpas. Otros sólo con frazadas. Para combatir el frío, una viejita repartía café a los presentes y otros armaban fogones donde se hacía guiso para todos.

A las 20.00 del domingo hubo una caceroleada apoyando el pedido de asilo, que al otro día sería solicitado formalmente en Cancillería. Ese día, en el edificio Libertad, una delegación integrada por los diputados frenteamplistas Sergio Previtali, Helios Sarthou y Guillermo Chifflet junto con el sacerdote Luis Pérez Aguirre entregó 25.000 firmas dirigidas al presidente solicitando que suspendiera el proceso de extradición por razones humanitarias y unas 5.000 personas marcharon hasta el hospital. El martes 23, a partir del mediodía, se llevó a cabo un paro general por tiempo indeterminado convocado por el PIT-CNT, y varios miles de personas marcharon desde el Obelisco hacia el hospital. A pesar de que la Mesa Representativa del PIT-CNT levantó la medida pasada la medianoche por 19 votos en 35, miles de personas se mantuvieron en los alrededores del Filtro durante el miércoles.

A las 5.00 del 24 de agosto, un cordón policial avanzó con la intención de replegar a los manifestantes, que resistieron formando un cordón y tirando piedras, y fueron reprimidos por coraceros a caballo. La refriega dejó varios jóvenes heridos y dos detenidos.

Al mediodía, la dilatada, a regañadientes y escueta presencia del líder del FA Liber Seregni y el candidato a presidente por el recién creado Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez, generó el rechazo en muchos manifestantes, quienes les recriminaron no haber ido antes y les cantaron: “Se escucha, son pocos los que luchan”.

Pasadas las 15.00, en una conferencia de prensa, el ministro del Interior, Ángel María Gianola, “solicitó” a los manifestantes que se alejaran de la zona donde “circularían las ambulancias” que trasladarían a los vascos al Aeropuerto Internacional de Carrasco.

Y sobre las 17.30, la policía a caballo atacó a los manifestantes que se encontraban en la plazoleta cercana al hospital y que comenzaron a partir baldosas contra el piso para defenderse. Del otro lado los esperaban más policías con perros, palos, gases lacrimógenos y sables.

Al caer la noche la represión se agudizó. La policía ubicada en distintos lugares empezó una balacera indiscriminada, sin mirar a quién y a la altura de la cabeza nomás. Un enfermero del Semm que socorría a un herido en el piso recibió cuatro balazos. Sobre las 21.00 se apagaron las luces del alumbrado público y la cacería se generalizó. Los vecinos abrieron las puertas de las casas y los edificios para que la gente se guareciera.

A esa hora ya había sido asesinado de siete escopetazos un joven de 24 años, Fernando Morroni. Mucha gente que seguía la represión en vivo por la tele empezó a llamar a CX 36 y CX 44, que estaban haciendo una transmisión conjunta, en búsqueda de sus seres queridos que sabían que habían ido al Filtro, y el nerviosismo empezó a cundir cuando por esas radios se nombraba una lista cada vez más larga de personas de las cuales no se tenía noticias.

Minutos antes de la medianoche, el Boeing 707 de la Fuerza Aérea de España partió con los vascos rumbo a Madrid dejando atrás el saldo de un muerto y más de un centenar de heridos, algunos de ellos de extrema gravedad.

En la madrugada se sumaría el asesinato de Roberto Facal (38), que fue apuñalado varias veces en la vereda y arrastrado hacia su casa, donde le robaron la tele y cosas así, en lo que se quiso hacer pasar como un robo común.

En el acto por el 169o aniversario de la Declaratoria de la Independencia en Florida, el presidente Luis Alberto Lacalle hizo alusión a los hechos del día anterior: “Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada. Discrepancias civilizadas de ideas, siempre; asonada y asesinato como instrumento político, nunca más”.

El ministro Gianola, por su parte, dijo a la prensa que se trató de “un enfrentamiento entre la policía y civiles armados”, y que fue “cuando algunos patrulleros sufrieron impactos de bala” que “recién se dio la orden de intervenir”. También acusó al PIT-CNT de estar “solidarizado con tirabombas” y pidió “la renuncia de todos los dirigentes”; a la vez que advirtió que “a los padres que fueron con sus hijos [a la movilización] habría que arrestarlos”. El diputado colorado Daniel García Pintos declaró que “la izquierda buscaba un muerto y lamentablemente lo encontró”.

El gobierno ordenó la inmediata expulsión del diputado independentista vasco de Herri Batasuna, Jon Idígoras, a quien se le otorgó seis horas para salir del país, y de la vocera de los extraditados, Agurtzane Delgado Iriondo, quien pasó a la clandestinidad. También, con un decreto de la dictadura, fue clausurada por 48 horas CX 36 Radio Centenario y para siempre CX 44 Radio Panamericana, cuyo director era José Mujica, a las que desde el gobierno se las acusó de “instigar a la violencia”.

“Hasta pronto, hijo... hasta pronto” fueron las únicas palabras pronunciadas por Norma, la madre de Fernando Morroni en el Cementerio del Norte, al que llegó caminando junto a su féretro, partiendo desde la sala velatoria en la calle Barrios Amorín y rodeada de una multitud de miles y miles de personas y también de ómnibus de cooperativas y taxis, en una jornada para la que el PIT-CNT había convocado a un paro para acompañar “el sepelio de las víctimas” y a una “jornada de reflexión y de duelo nacional”.

En esos aciagos días, un grupo de 30 personas autodenominado “Internacionalistas de Berlín” tomó durante dos horas el consulado uruguayo de esa ciudad, a la vez que la embajada de Uruguay en Suiza fue grafiteada por desconocidos.

Pocos días después, el juez Jorge Imas concluyó que en “ningún caso aparecen personas disparando contra efectivos policiales”, desmintiendo a Gianola, y poco después se sabría que los civiles armados resultaron ser policías de particular.

El 15 de setiembre, en un clima de muchísima tensión, un millar de jóvenes convocados por la Coordinadora de Estudiantes de Secundaria desafió el miedo natural que generaban los muchos rumores de que se desataría una represión feroz contra ellos y realizaron una marcha desde la Plaza Libertad hasta la Universidad. Bajo el lema “Contra la represión y el terrorismo de Estado” quemaron un muñeco de un coracero a caballo mientras coreaban consignas que tuvieron su popularidad en aquella época, como “Gianola, compadre, etc., etc.”.

Un concierto programado para el 30 de la banda vasca Negu Gorriak y los argentinos Todos Tus Muertos fue prohibido por las autoridades para evitar “problemas de orden público”. Aunque finalmente, organizado sin levantar la perdiz y mediante el boca a boca, se terminó realizando en Pando el 2 de octubre. Allí los vascos subieron al escenario con unas remeras que usaron durante toda la gira con la leyenda “Gora Uruguay Herria (Viva el pueblo de Uruguay)”. Fermín Muguruza, el vocalista de Negu Gorriak, participará de la marcha que saldrá este sábado del Obelisco y al finalizar cantará unos temas junto a Cuatro Pesos de Propina, conmemorando aquel episodio que dejó una consigna entre los jóvenes más que elocuente: “Griten libertad y cúbranse”.

Publicado en La Diaria. Título: A 30 años de la masacre del Filtro: “Griten libertad y cúbranse” Publicado el 24 de agosto. Escribe Gustavo Fripp en Sociedad