sábado, 8 de agosto de 2026

Del dialogo social al dialogo empresarial. Las AFAP mandan.

 

El 28 de abril pasado, dos días antes del plazo previsto inicialmente, la Comisión Sectorial de Protección y Seguridad Social, espacio multiactoral creado a tales efectos, entregó al Poder Ejecutivo el informe final del Diálogo Social. Fue el resultado de un año de trabajo, instrumentado en cumplimiento del compromiso electoral formulado por el Frente Amplio (FA) de hacer ajustes al régimen previsional vigente desde 2020, para mejorar las prestaciones correspondientes a jubilados y pensionistas y asegurar la sostenibilidad económico-financiera del sistema, lo que el artículo 67 de la Constitución establece como obligación del Estado, desde el plebiscito de 1989.1

Tuvimos oportunidad de comentar en Brecha ese informe final, y el comentario se resumía en el título del artículo: «Según el color del cristal con que se mire» (véase Brecha, 8-V-26), y en este párrafo: «Para evaluar qué pasó, hay que analizar el informe final […] [y] definir con qué se van a comparar las propuestas de ese documento: si con lo que existe hoy, con lo que existía hasta 2023, con lo que el FA se comprometió en su programa, con los criterios que el propio Diálogo Social se planteó, o con lo que desearíamos y esperamos que ocurra. Y si se hace ese análisis comparativo se verá que las respuestas son diferentes y van de bastante mejor a bastante peor».

Una de las propuestas «bastante mejores» tenía que ver justamente con el papel de las administradoras de fondos de ahorro previsional (AFAP), que el informe de la comisión define así en su página 64:

«1. Avanzar en la conformación de un pilar de ahorro generacional, en el que las cuentas de ahorro individual sean gestionadas de forma centralizada por un organismo público que se encargará de administrarlas, de manera integrada con las prestaciones de los restantes pilares. 2. Mantener la función de inversión y rentabilización por parte de actores públicos y privados en un mercado en competencia». O sea: el «ahorro individual» (en realidad, el aporte que hacen los trabajadores como parte del financiamiento del sistema, porque no se trata de un ahorro que se devuelve, sino de una política social) lo manejaría, lo mismo que los demás aportes (patrones, Estado), un organismo público sin fines de lucro. Las AFAP (todas, incluso la de propiedad pública, subsidiarias de entidades financieras: las privadas, las extranjeras) quedarían a cargo de las colocaciones y cobrarían según el éxito que tuvieran en ellas.

Pero la felicidad duró poco. Menos de una semana después de entregado y conocido el informe del Diálogo Social, el ministro de Economía y Finanzas, economista Gabriel Oddone, instalaba un nuevo diálogo,

esta vez más restringido: se reunía con las AFAP para darles seguridad de que se mantendría su negocio y se formaba una mesa de trabajo para llegar a acuerdos al respecto. O sea, un nuevo diálogo, pero esta vez mano a mano: el Estado y las AFAP, del que resultaría, en un plazo de 60 días, la forma de funcionamiento definitiva.

Los 60 días pasaron y las nuevas directivas ya se conocen, y fueron saludadas por la Anafap (la Asociación Nacional de AFAP, que nuclea las privadas) y hasta por el abogado Rodolfo Saldain, cerebro de la reforma de 2020. Esto hace recordar a una anécdota del parlamento alemán del siglo XIX, cuando el diputado y líder del Partido Social Demócrata August Bebel estaba haciendo un encendido discurso que era aplaudido por la derecha, ante lo cual, sorprendido, él mismo se preguntó: «¿Qué estarás diciendo, Bebel, que la burguesía te aplaude?».

La Anafap, que primero había sostenido sobre la propuesta del Diálogo Social a través de su presidente, el economista Sebastián Peaguda, que «este cambio es claramente un retroceso» (La Diaria, 4-V-26) cambió rápido de opinión. Luego de la reunión con Oddone, en su página oficial se podía leer: «Tras el trabajo técnico junto al Ministerio de Economía y Finanzas y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, las administradoras de fondos previsionales valoramos las instancias de diálogo y los avances alcanzados a lo largo del proceso. […] Destacamos especialmente que la administración de las cuentas individuales y la responsabilidad fiduciaria de las AFAP en su administración se mantengan como principio del sistema».

No piensa lo mismo el PIT-CNT. Carlos Clavijo, representante de los trabajadores en el directorio del Banco de Previsión Social (BPS) y participante del Diálogo Social, sostuvo –en el portal de la convención de trabajadores– que «el Poder Ejecutivo modificó de forma “unilateral” acuerdos alcanzados en el Diálogo Social» y que «el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone “dinamitó el Diálogo Social”, al dejar sin efecto consensos construidos durante meses de negociación».

Pero hay más: se maneja la posibilidad de que las AFAP puedan hacer colocaciones de sus reservas en el extranjero, mucho más allá del límite actual del 15 por ciento de los fondos que manejan; y, aun eso, debe ser en deuda soberana de alta calidad crediticia e instrumentos emitidos por organismos multilaterales (art. 123 bis de la ley 16.713 de 1995, de creación de las AFAP). Si se tiene en cuenta que, según cifras del Banco Central del Uruguay, los fondos previsionales a marzo pasado llegaban a unos 27.000 millones de dólares (tanto como todo el presupuesto nacional y el 30 por ciento del producto bruto interno), es posible imaginar lo que se puede hacer con ese dinero. Y la contradicción que significa que se aceptan condiciones que limitan nuestra soberanía para conseguir inversiones extranjeras mientras se autoriza a las AFAP a invertir el ahorro uruguayo en el exterior. Otra vez buscando la llave debajo del farol, porque donde la perdimos está oscuro.

Al fin y al cabo, ¿cuál es la función que cumplen las AFAP? Lo que fue presentado como la solución hace 30 años, en el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti, siguiendo la línea de otros gobiernos neoliberales, como el de Chile (que luego debió reformarlo), aparece ahora claramente no como una solución, sino como una parte, y muy importante, del problema. Porque en un sistema que funcionaba como un conjunto de varias piezas que encajaban entre sí, con la rectoría del BPS, ejercida durante 30 años, apareció un nuevo actor para desempeñar un rol que ya estaba cubierto (recaudar los aportes de los trabajadores y pagarles la jubilación que les correspondía cobrando por ello comisiones que salen de esos aportes) y apoyarse en su supuesta experiencia para invertir las reservas. Pero lo primero ya lo estaba haciendo el BPS, como parte de su función, y para lo segundo había y debe haber un margen limitado, ya que la propia ley determina cómo debe invertirse.

En cambio, parte (cada vez mayor) de los ingresos que percibía el BPS y que era uno de los recursos para pagar las jubilaciones ya generadas pasó a ser captado por las AFAP, lo que aumenta el supuesto déficit de aquel y permite a las administradoras obtener importantes ingresos por las comisiones que cobran y también por las ganancias de las inversiones que hacen con el dinero administrado, y que por ahora en su mayor parte solo se está acumulando.

Ese término de la ecuación del BPS, que ahora falta, el gobierno anterior lo resolvió alargando los plazos para jubilarse, con lo que ahora –luego de aprobada la reforma que impulsó la ley 20.130– se recauda cinco años más a los activos y se posterga el pago de jubilaciones cinco años más a los futuros pasivos. Redistribución al revés: Robin Hood robándoles a los vasallos para dárselo a los nobles.

El Diálogo Social revisó esos entuertos, corrigió algunos, emparchó otros, pero quedó pendiente uno de los principales. El negocio de las AFAP continúa.

Vale la pena recordarlo, porque esta es una de las claves del asunto: «Art. 67. Las jubilaciones generales y seguros sociales se organizarán en forma de garantizar a todos los trabajadores, patronos, empleados y obreros, retiros adecuados y subsidios para los casos de accidentes, enfermedad, invalidez, desocupación forzosa, etc.; y a sus familias, en caso de muerte, la pensión correspondiente […]. Las prestaciones previstas en el inciso anterior se financiarán sobre la base de: A) Contribuciones obreras y patronales y demás tributos establecidos por ley. Dichos recursos no podrán ser afectados a fines ajenos a los precedentemente mencionados; y B) La asistencia financiera que deberá proporcionar el Estado, si fuere necesario».

Titulo original: Las AFAP, esas insumergibles. Del diálogo social al diálogo empresarial. Autor: Benjamín Nahoum. Fecha, publicado en Brecha el 31 de julio de 2026. Brecha número 2123.

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