jueves, 31 de marzo de 2022

Justicia para pobres y justicia para ricos

 

Cada tanto vuelve al ámbito público el tópico de la existencia de una justicia para ricos y una justicia para pobres, en especial referido a la forma en que el sistema penal en sentido amplio (desde el accionar policial hasta la privación de libertad) se presenta en sus prácticas cotidianas. En los términos recientes, el hecho de la indefensión por falta de funcionarios, como planteó la Asociación de Defensores de Oficio,1 no necesariamente es la negación de la frase: «En Uruguay la Justicia es igual para todos», como sostuvo días atrás John Pérez, presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ).

Con su frase, Pérez se refiere al deber ser y, en el comunicado, los defensores públicos explican la realidad que enfrentan día tras día. Tal vez comprender la distancia entre «el derecho en los libros» y «el derecho en acción» nos dé una pista para eliminar el aparente desacuerdo. Las leyes son, en todo caso, las que han permitido que existan situaciones de indefensión y que las cárceles estén superpobladas de jóvenes pobres. Esta realidad es el efecto de leyes de presupuesto, de leyes que consolidan la idea de que la cárcel es la única forma de castigo concebible. También de la eliminación de la suspensión condicional del proceso, y de que, en procesos en los que debe estar asegurada la igualdad de partes, la parte acusatoria sea un servicio descentralizado con presupuesto propio, mientras que la defensoría de oficio, encargada de representar al titular de las garantías constitucionales, es una dirección que depende de la SCJ, para listar solo algunos fundamentos legales de las carencias cotidianas.

Desde una perspectiva más general, por tratarse de una proposición menos frecuente, puede ser interesante repasar con algunos ejemplos cuánto pesan la deferencia a los fuertes y la preocupación por los débiles en la resolución de los conflictos y en la promoción de los acuerdos extrajudiciales. O lo que es lo mismo: poner el foco de la preocupación en el alcance del derecho al debido proceso (artículo 12 de la Constitución).

La justificación de los distintos tratamientos o de las alternativas disponibles para los débiles que ofrecen la ley y su implementación, no se orienta a asegurar el reconocimiento de la autonomía de las personas, sino más bien a lograr el descongestionamiento de los tribunales, la celeridad de los trámites y así lograr una mayor «eficiencia» institucional.

Precisamente, en la década del 90 y a través de un programa del Banco Interamericano de Desarrollo, se creó el Programa de Mediación del Poder Judicial. Esa forma de autocomposición de conflictos, sin la intervención de un tercero imparcial y en el ámbito de la institucionalidad pública, está prevista para casos de escasa cuantía o relativos a asuntos de vecindad, intrafamiliares o similares (ley 16.995). Cuando la mediación se hace por órganos del Poder Judicial, además, no es necesaria la asistencia letrada (ley 17.707), confirmando la alta probabilidad de que se alcancen acuerdos no informados.

La implementación del artículo 22 de la ley 18.331 (de protección de datos personales), que autoriza las bases de datos destinadas a la información sobre la solvencia patrimonial y crediticia de las personas, habilita a que los responsables de las bases reciban información sin exigir verificación de los datos que remiten. Como ha señalado Gerardo Caffera,2 los acreedores, de acuerdo a este artículo, tienen facultades absolutas en la medida en que disponen la inclusión o la exclusión de los deudores en la base de datos, sin que al responsable de la base ni a ninguna otra institución le sea requerido un control previo. En otras palabras, «estar en el clearing» es una de las formas en que se concreta un mecanismo de justicia privada absoluta (sin control judicial) autorizada por la ley. Esta herramienta de coacción e imposición de sanciones privadas deja por el camino una de las garantías más básicas en el ámbito de la contratación privada: que el acreedor no tenga unilateralmente la potestad de dominar la relación jurídica. Los afectados por esa solución legal son –casi no es necesario explicitarlo– los consumidores más débiles y sin posibilidad de acceder al sistema de justicia.

¿Qué caminos otros tienen los fuertes para que su autonomía sea efectiva? En la contratación internacional, las partes pueden acordar la ley aplicable al contrato (ley 19.920), por ejemplo, la ley de Nueva York o de Londres, y solo si no lo acordaron, la ley establece criterios. En el ámbito del derecho corporativo, la negociación entre empresas y, eventualmente, los conflictos que pudieran generarse entre actores fuertes se llevan adelante sin intervención de las instituciones públicas de justicia. El arbitraje consiste, justamente, en someter esas eventuales disputas, en virtud del acuerdo entre las partes, a un decisor no estatal, dentro o fuera de Uruguay, según el caso.

Lo que tienen en común los ejemplos anteriores es, por un lado, la incidencia del poder, en términos de desequilibrios o asimetrías, y, por otro, el respaldo del Estado a mecanismos de justicia privada elegidos de forma voluntaria (o aparentemente voluntaria) por las partes. Sin embargo, para considerar que las personas eligen de forma verdaderamente voluntaria alguna forma de justicia privada, no se debe dejar de tomar en cuenta si existen o no las condiciones para el ejercicio de su autonomía. Por ejemplo, difícilmente un consumidor de escasos recursos «elige» quedar sometido a la «justicia» del clearing. En los lúcidos términos de Owen Fiss,3 la aceptación por las partes débiles de esos mecanismos es el análogo, en el plano civil, de los acuerdos exprés entre fiscalía y un imputado con pocas chances de defensa (campo fértil para presiones y desinformación, ante el volumen de trabajo y la falta de recursos de la defensoría pública) en los procesos penales abreviados4 y, por tanto, un muy pobre sustituto de las garantías de un proceso judicial.

La autoridad de la sentencia proviene de la ley y el proceso que la antecede es la garantía de que el resultado no es arbitrario. Las condiciones materiales de la autonomía individual se presentan, luego, como condiciones de la responsabilidad (civil o penal). Cuando la ley respalda acuerdos obtenidos en mediaciones sin asistencia letrada o asigna potestades unilaterales a los fuertes en las relaciones contractuales, olvida la relevancia del proceso en términos públicos.

Lo que la ley no deja en manos de la negociación entre fuertes ni librado a soluciones que no tienen en cuenta la desigualdad social en la sociedad contemporánea: solo eso es asunto del Poder Judicial.

Los derechos que no están respaldados por la fuerza de la ley, y eso incluye comprometer fondos públicos y recursos humanos, tambalean.

Titulo orginal : Justicia para pobres y justicia para ricos La promesa de la igualdad. Autor:Gianella Bardazano. Brecha  numero 1896, 24 de marzo de 2022
24 marzo, 2022

 

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1. A fines de 2021 se informó que, de acuerdo a las estadísticas que llevan los defensores públicos, entre el 80 y el 90 por ciento de las resoluciones que se dictan en los juzgados en los que se ocupan, por ejemplo, de la violencia doméstica, podrían ser anuladas por indefensión de alguna de las partes. Hace apenas unos días, los defensores públicos insistieron en que existen serias dificultades para que, con los recursos humanos con que se cuenta, puedan abarcarse todas las situaciones en las que es requerida la asistencia de un defensor de oficio.

2. Caffera, G. (2008), «Ojos bien cerrados. La defensa del consumidor y el artículo 22 de la Ley de Protección de Datos Personales», ADCU.

3. Fiss, O. (1984), «Against settlement», The Yale Law Journal 93.

 

4. En 2021 el 89,9 por ciento de los casos que ingresaron al sistema penal tuvieron esa salida procesal (datos del Observatorio del Sistema de Justicia y la Legislación de la Facultad de Derecho, Universidad de la República).

lunes, 14 de marzo de 2022

Derecho al trabajo efectivo

 

El derecho a trabajar, cuya importancia  y trascendencia nadie desconoce no se agota ni mucho menos con la percepción de la remuneraciones. Es fundamental que el trabajador pueda concretar la prestación de sus servicios como forma de insustituible de realizarse socialmente y de desarrollar su personalidad; derecho que trasciende el mero interés individual, ya que una ociosidad deliberada es incompatible con el concepto de de derecho social basado en la dignidad personal y moral del trabajador.(De la Fuente -Los principios jurídicos del derecho a la estabilidad)

lunes, 7 de marzo de 2022

¿Pueden los sindicatos colocar propaganda del SI en sus carteleras sindicales?

 

Hugo Barretto, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Udelar, enmarca la discusión sobre la actividad sindical en la campaña en los grandes modelos de sindicalismo existentes: «Hay un modelo reivindicativo o profesionalista, en el que los sindicatos solo están para reivindicar el salario y las condiciones de trabajo a través de la negociación colectiva. Y hay un modelo sociopolítico, en el que los sindicatos tienen, además de lo estrictamente salarial y laboral, intereses más amplios que hacen a lo social, a la economía, a la política –no a la partidaria, desde luego–. Este último es el que históricamente se aplica en el sindicalismo uruguayo, que tiene un interés marcado en tener una especie de cosmovisión de la sociedad en su conjunto».

Para el jurista, «hay dos razones de mucho peso» para sostener que la presencia de la opción por el Sí en volantes o carteleras sindicales en empresas o instituciones es «absolutamente legítima». Una se refiere a que «el propio PIT-CNT tiene a esa opción como una posición de la integralidad del sindicalismo, definida por su congreso, e integra la comisión de la campaña, por tanto los distintos sindicatos no participan respondiendo a ningún partido», sino a las definiciones de la propia convención sindical. «Pero hay otro elemento muy significativo, y es que la propia LUC [Ley de Urgente Consideración] tiene disposiciones que tienen que ver con la enseñanza, con la participación de los trabajadores en instancias institucionales, con el derecho de huelga y el cobro de salario. Quiere decir que los sindicatos, al pronunciarse en contra de la LUC, no están haciendo ninguna tarea de proselitismo político, sino que están defendiendo los intereses propios de su calidad de trabajadores», dice Barretto.

En cuanto a la distribución y la exposición de materiales, el Barretto explica que habitualmente los sindicatos colocan, en acuerdo con los empleadores, las carteleras gremiales, que son espacios donde pueden expresar sus puntos de vista, siempre que no sean cuestiones ofensivas con las personas. «La ley 17.940, sobre protección y promoción de la libertad sindical, consagra el derecho a las comunicaciones dentro de la empresa, recogiendo la recomendación 143 de la Organización Internacional del Trabajo. Hay fuertes fundamentos jurídicos para sostener la legitimidad de este tipo de acciones». Sin embargo, varios legisladores, intendentes y empleadores que han montado una marca personal sobre la campaña rosada.

(Brecha, edición 1893. Titulo original: “Asfixia del gobierno a la campaña del SI”)


miércoles, 23 de febrero de 2022

LA CONTRACARA DE LOS DATOS DE RECUPERACIÓN ECONÓMICA PRESENTADOS POR EL GOBIERNO

 

Impulsada por un vigoroso aumento de la demanda y los precios de bienes a nivel internacional, la economía uruguaya comenzó a recomponer algunos de los indicadores macroeconómicos golpeados por la pandemia. Las cifras presentadas por el equipo económico del gobierno echaron luz sobre los números más amables para el oficialismo, en tanto otras no quedaron explícitas. Durante 2021, el ahorro que el gobierno utilizó para dar respuesta a los efectos de la pandemia recayó, mayoritariamente, sobre los ingresos de trabajadores y las pasividades. Mientras los malla oro, volcados al exterior, recompusieron sus ganancias con ingresos millonarios, el poder de compra de los asalariados se redujo por segundo año consecutivo, en términos reales, y no hay señales a la vista de que el vaso comience a derramar al resto.

Con el apoyo de una presentación nutrida de números y gráficas, el equipo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) presentó, el martes, parte de los resultados económicos del año pasado y avanzó en las perspectivas para el presente. Por más de una hora, la ministra Azucena Arbeleche recorrió exhaustivamente aquellas variables de la economía que habían mostrado una mejora con respecto a 2020: crecimiento de la actividad, mejora del mercado de trabajo, aumento de las transferencias para atender los efectos de la pandemia, caída de la pobreza y, principalmente, su caballito de batalla, la reducción del déficit fiscal. Pero, pese al minucioso detalle de su presentación, la ministra no incluyó una explicación sobre los factores que permitieron esa mejora en las cuentas públicas y la actividad, ni tampoco para mostrar los resultados de lo que, hasta ese momento, era uno de los objetivos explícitos de la cartera: la disminución de la inflación.

Al cierre de 2021, el gobierno logró disminuir el déficit fiscal más allá de las metas que se había propuesto a principios de año. Por segundo año consecutivo, consiguió mejorar uno de los indicadores recurrentes en el ágora mediática. Aquello, además, sin «aumentar los impuestos», hizo gala Arbeleche. Sin embargo, a la hora de contestar la pregunta de un periodista sobre los motivos que explican los ahorros que habrían permitido tal proeza, la ministra no solo se mostró extrañamente esquiva, sino que retrucó la pregunta con una justificación de tintes ortodoxos: «Es ese ahorro el que nos habilita a dar respuesta y mitigar el impacto de la pandemia». De forma tajante, dejaba en claro que no era una explicación que estuviera interesada en brindar.

La mejora de las cuentas públicas es pasible de éxito, en forma genérica, a partir de una disminución en los gastos del gobierno central, un aumento de los ingresos a sus arcas, o ambas a la vez; esto último fue lo que sucedió durante 2021. La evasión en la respuesta de la ministra parece encontrar un sentido lógico al considerar que la caída del gasto público no se explicó, en forma sustancial, por una mayor eficiencia en la implementación de los recursos disponibles, sino, principalmente, por la caída del salario real de los trabajadores del sector público y de los ingresos de jubilados y pensionistas –cuyo cálculo se hace con base en el índice medio de salarios del año anterior, que también venía con pérdida–. Según las cifras analizadas por Gonzalo Zunino, director del Centro de Investigaciones Económicas (CINVE), el ahorro por estos dos conceptos alcanzó el 0,7 por ciento del producto bruto interno (PBI), lo que equivale a unos 370 millones de dólares.

Estos no fueron los únicos rubros en los que el gobierno encontró un espacio para el ahorro. Zunino explicó a Brecha que también hubo una caída de la inversión pública en 2021, mediante la cual se evitó gastar unos 53 millones de dólares –0,1 por ciento en términos de PBI–. Para el economista, este descenso debería ser circunstancial y no se podría prolongar en el tiempo si se quiere mantener la calidad de los servicios públicos y de la infraestructura que brinda el Estado. También cayeron, en términos reales, los gastos vinculados a las transferencias para las políticas sociales y las que se hacen a las AFAP,1 añadió al ser consultada por el semanario la economista Gabriela Mordecki, integrante del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República. La caída del 0,5 por ciento del PBI equivale a unos 265 millones de dólares en este rubro, de acuerdo a los datos del MEF, lo que tiene, según Mordecki, un efecto de «ajuste fiscal encubierto».

A esto se suma, por el lado opuesto, que los ingresos del gobierno central mejoraron en comparación con el año anterior. El aumento fue apuntalado por una mayor recaudación de la Dirección General Impositiva. Los impuestos sobre el valor agregado que se pagan por la importación de bienes, los que se abonan por las transferencias patrimoniales o por las rentas provenientes del factor capital –rendimientos originados en depósitos, préstamos, alquileres o incrementos patrimoniales– aumentaron su recaudación por encima del 10 por ciento, en términos reales, en comparación con 2020. Si bien estos fueron los más destacados, la recaudación de «todos los impuestos que tienen que ver con las empresas aumentaron de forma muy importante», añadió la economista. La mejora en los resultados de las empresas públicas también ayudó a reforzar las finanzas del gobierno. Las exportaciones extraordinarias de energía eléctrica a Brasil fueron capitalizadas mediante un aumento de las transferencias a rentas generales por parte de UTE. Lejos quedó aquella promesa de no utilizar a los entes estatales para financiar las cuentas públicas, luego de un «aporte extra» de más de 100 millones de dólares.

El orgullo que mostró el Ejecutivo por los resultados fiscales, sin embargo, no fue de buen recibo por otros agentes que participan de la economía. Alejandra Picco, economista del Instituto Cuesta Duarte (PIT-CNT), expresó a Brecha que el sobrecumplimiento de las metas no es una buena noticia porque «gran parte del ahorro se explica con la rebaja, en términos reales, de salarios públicos, pasividades e inversiones». Para esta analista, se podría haber optado por reducir las tarifas públicas a la par de que se cumplían las metas trazadas por el gobierno. Aseguró, igualmente, que el crecimiento de la economía fue mejor al esperado y que el desafío, ahora, es sostenerlo, «pero con un correlato en los ingresos de los hogares».

(NO ES) VIENTO DE COLA

La cifra anunciada por la ministra en la conferencia del martes fue mayor a la proyectada por el propio MEF semanas antes, gracias a una mayor dinámica de la actividad en el último trimestre del año. Luego de una caída abrupta, en 2021 la economía cerró con un crecimiento de 4,5 por ciento, en comparación con lo sucedido en 2020. Si bien el dato es alentador, ya que representa que una de las peores caras de la pandemia comenzaría a quedar atrás, no muestra por si solo si ello sucede con un marco equitativo o si, por el contrario, algunos se están adelantando.

«Vemos que en el crecimiento de la economía hay una heterogeneidad muy grande entre los sectores asociados al comercio exterior y los vinculados al sector interno de la economía, que es generador de muchos puestos de trabajo y todavía están rezagados», comentó Picco. Los datos publicados por Uruguay XXI reflejan lo señalado por la economista: las exportaciones uruguayas de bienes crecieron más de un 40 por ciento en el año, alcanzaron niveles históricos para el país y superaron por un cuarto porcentual a las de 2019. En tanto, a nivel interno, los sectores mejoraron sus números con relación a lo que había sido el primer año de pandemia, pero respondiendo más a un «rebote» que a un crecimiento genuino, aclaró Zunino. Los sectores vinculados al comercio y los servicios recuperaron parte de su actividad, aunque todavía se encuentran afectados por la caída en el consumo, derivado, principalmente, de la disminución de los ingresos en los hogares. En tanto, la construcción, otro de los grandes sectores de la economía, mostró un crecimiento consolidado debido a los nuevos proyectos iniciados y al impulso de las grandes obras que venían del período anterior, indicó Mordecki.

Pero, aunque internamente la cosa esté mejorando, quien se lleva todos los elogios, y la gran porción en la torta del crecimiento, ha sido el sector exportador. A excepción del sector arrocero, que vio caer sus cifras, los principales productos agropecuarios de exportación aumentaron el porcentaje de sus ventas en más de dos dígitos. La venta de carne bovina creció en 1.000 millones de dólares –aumentó su precio y el volumen exportado–, la de celulosa en 400 millones y la de soja en poco más de 130 millones. Otros, como los concentrados de bebidas y los productos farmacéuticos, superaron en conjunto el centenar de millones de dólares. De igual forma, alcanzar niveles récord en las exportaciones, cosa que se experimenta en toda la región (véase artículo en página 4), no fue impedimento para que la gremial que nuclea a las empresas exportadoras se mostrara preocupada ante una nueva caída en el valor del dólar e instara al gobierno a tomar medidas. En épocas de vacas gordas, cada fracción de dólar perdido cuenta; todo sea por el derrame.

Así y todo, por ahora parece que el Ejecutivo no les va a dar el gusto y dejará que la evolución siga su curso. La ausencia de gravámenes sobre el sector exportador en el peor momento de la pandemia es un crédito con el que todavía cuenta el gobierno. Ciertamente, incluso con el incumplimiento de la promesa de campaña sobre el aumento del precio de los combustibles, la situación de los agremiados empresariales tampoco da lugar a mucha queja. En la presentación del MEF, la ministra omitió explicar el motivo detrás del explosivo aumento de las exportaciones. Quizás con ello se pretenda dejar de manifiesto que el impulso de la economía fue posible gracias al virtuosismo del equipo económico. En los hechos, el repunte responde a un nuevo auge en la demanda y los precios internacionales de los commodities, valores que recuerdan un lejano 2013, tiempos en los que el ahora oficialismo abundaba en lo fácil que era distribuir siendo empujado por un viento de cola favorable.

SUJETOS OMITIDOS

Si bien el crecimiento de la economía promovió una reactivación en el mercado laboral, durante el año pasado la heterogeneidad de la recuperación no solo se observó entre sectores de actividad, sino también en el de los ingresos laborales. En 2021 se recuperaron casi 50 de los 60 mil empleos perdidos el año anterior. La activación del empleo fue impulsada en forma importante por la creación de 15 mil puestos de trabajo a partir de la implementación de los jornales solidarios. También producto del dinamismo de la construcción, sustentado, en buena medida, por el avance de la planta de UPM y las obras del ferrocarril central –que explicaría el empleo de unas 8 mil personas–, sostuvo en diálogo con el semanario el economista Federico Araya. A esto se suma el repunte generalizado de los sectores vinculados al comercio y los servicios, y un porcentaje menor responde al aumento en el sector público y a los derivados del vigoroso crecimiento de las exportaciones.

La reactivación del mercado laboral seguramente impactó en la caída de la pobreza, sostuvo Araya, aunque todavía no están disponibles los datos cerrados para saber su alcance. Pese a la mejora de la cifra, de concretarse la finalización del programa de jornales solidarios y el cierre de la etapa de construcción de UPM, se corre peligro de que se genere un sensible retroceso en la recuperación del empleo y «podrían perderse 20 mil puestos de trabajo en algunos meses». Dado que los jornales solidarios que llevan adelante las intendencias se focalizaron en aquellas personas de bajos ingresos y, para el economista, fueron uno de los motivos que contuvieron el aumento de la pobreza, su cierre podía revertir parte de la mejora de 2021. Esa posibilidad adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que es mucho más costoso sacar a alguien de la pobreza que evitar que caiga.

En tanto, el equipo económico anunció que proyecta la creación de 40 mil nuevos puestos de trabajo para este año, cifra que es analizada con cautela en el Cuesta Duarte, ya que no solo implicaría volver a niveles prepandemia, sino un avance importante en relación con los que se habían perdido en el último quinquenio. «Parece bastante complicado», enfatizó Picco. Sin embargo, en su presentación el gobierno quiso dar seguridad y estimó que 7 mil de esos nuevos empleos se crearían con base en las inversiones que se concretarán con el impulso de las herramientas de promoción. Sobre ello, Mordecki señaló que es un cálculo hecho «arriba de proyectos de inversión» y que por el momento no se sabe si se van a llevar adelante, además de que se toman como referencia las cifras que presentan las propias empresas.

En contraposición a la mejora del mercado laboral, el comportamiento de la evolución de los salarios no fue mencionado por la ministra. Es que los datos del pasado año marcaron un segundo año consecutivo de caída del salario real, acumulando un descenso del 3 por ciento en el poder de compra de los asalariados. De los convenios que se comenzaron a negociar en julio, correspondientes a la novena ronda de salarios, cerca de la mitad siguieron los porcentajes de recuperación propuestos en los lineamientos del gobierno. Esto significa que, para mediados de 2023, «recién estarían recuperando un tercio de esa caída», sostuvo la integrante del Cuesta Duarte. Esa recuperación, además, se encuentra atada a la evolución de la inflación y los correctivos durante el año. Como antecedente inmediato, «la inflación del segundo semestre del año pasado fue más alta de lo proyectado por el gobierno; a pesar de incorporarse un porcentaje de recuperación, el salario real volvió a caer», redondeó.

Hasta el martes, la reducción de la inflación era uno de los objetivos explícitos del equipo económico. Sin embargo, luego de un habilidoso manejo discursivo de la ministra, pasó a ser responsabilidad casi en solitario del Banco Central del Uruguay (BCU). Los motivos al respecto no fueron explicados, aunque es posible aproximar varias hipótesis. La principal es que el gobierno no ve como una posibilidad cercana encorsetar a la inflación dentro del rango meta –que en setiembre se fijaría entre 3 y 6 por ciento– debido al contexto internacional. El aumento en los precios de consumo del país es un fenómeno histórico, pero actualmente también se extiende a nivel mundial, por efecto del precio de los combustibles, la flexibilización en la política monetaria de los países y el boom de precios de bienes y alimentos (véase columna de Joseph Stiglitz en Mundo). Por ello, más allá de los vaivenes internos, el contexto tampoco ayudaría a facilitar el objetivo.

 

La otra posibilidad es que para intentar hacerlo estuviera dispuesto a disgustar al vigoroso sector exportador. La suba de las tasas de interés, herramienta de la política monetaria formulada por el BCU, busca fortalecer el peso uruguayo y atraer inversores desde la moneda estadounidense hacia instrumentos en moneda local. También entra en el menú del gobierno la posibilidad de que asuma que no podrá bajar la inflación y busque amortiguar el costo político ante una nueva caída del poder de compra durante este año. La proyección de CINVE va en esta línea y se proyecta en un punto de caída salarial en términos reales para 2022, estimó Zunino. Desde el ángulo del costo político, ese panorama no sería del todo negativo para el gobierno, en tanto el ajuste salarial podría ser uno de los factores que hiciera ceder, finalmente, a la inflación. Mientras no lo haga, que los salarios se sigan ajustando por debajo de su evolución le permitiría al gobierno «licuar» parte de sus gastos y seguir mejorando las cuentas públicas. Uno de los mayores, sino el principal, de sus objetivos.

1. Las transferencias para las políticas sociales se ajustan mediante la base de prestaciones y contribuciones, esta se puede actualizar según el índice medio de salarios o el índice del precio al consumo. El gobierno decidió ajustarlo mediante el primero, cuyo valor es menor al segundo, por tanto el ajuste fue menor. Esto impactó, además, en el valor monetario del mínimo no imponible, y de las franjas del impuesto a la renta de las personas físicas y del impuesto de asistencia a la seguridad social.

ODIOSAS COMPARACIONES

En la presentación de los resultados económicos de 2021, la ministra Azucena Arbeleche afirmó que la pobreza en menores de 6 años se encontraba en los valores más bajos de la serie desde 2006. La comparación con datos anuales –tal como se hizo en la presentación– no resultaba procedente y era necesario un análisis de la serie entre semestres. La afirmación de la ministra se constata desde el punto de vista técnico, aunque estadísticamente no es significativa, sostuvo el economista Federico Araya. En el primer semestre de 2021 la pobreza en niños menores a 6 años se ubicó en 16,1 por ciento, lo que representa una diferencia de 0,3 por ciento con respecto a los datos del primer semestre de 2019. La elección del tramo de edad para destacar no parece ser casual. Si se observa al siguiente, que comprende a los niños de 6 a 11 años, en el primer semestre de 2021 la pobreza ascendió al 17,8 por ciento, lo que representa un aumento del 2,1 por ciento con respecto al primer semestre de 2019. En el tramo de edad de 12 a 17 la diferencia es aún mayor –19,2 por ciento en el primer semestre de 2021, contra 15,2 por ciento en el primer semestre de 2019.

(Luciano Costabel, 18 febrero, 2022, Brecha edición 1891)