Nota sobre la reforma laboral argentina.
Nota escrita por el Profesor Javier Prezioso (@filocritica),
filósofo argentino. Reflexiones y teorizaciones en torno a diversas cuestiones
filosóficas, históricas, políticas, periodísticas, desde un punto de vista teórico que pretende ser riguroso y crítico,
desde el punto de vista del oprimido. Nota publicada el viernes 13 de febrero de
2026
Para entender qué está en juego, no
alcanza con discutir empleo, derechos o eficiencia. Hay que abordar el problema
desde su núcleo: la lógica del capital.
La reforma laboral suele presentarse
como modernización, eficiencia y libertad de mercado. Pero si la leemos desde
el corazón mismo del sistema, aparece otra lógica: la necesidad del capital de
reorganizar las condiciones de explotación para aumentar la tasa y la masa de
plusvalor. Aquí propongo mirar la reforma desde ese ángulo: cómo la
flexibilización laboral amplía el ejército industrial de reserva, abarata el
valor de la fuerza de trabajo, intensifica el trabajo cotidiano y debilita la
capacidad colectiva de resistencia mediante restricciones al derecho a huelga y
la contención sindical.
También se aborda el rol del Estado
en este proceso, mostrando que la oposición entre Estado y mercado es una falsa
dicotomía: el Estado interviene activamente para garantizar mejores condiciones
de acumulación para el capital, incluso en regímenes neoliberales o que se
presentan como "enemigos del Estado".
Una lectura crítica es necesaria para
entender qué está realmente en juego cuando se modifican las leyes laborales.
Qué es lo único que le importa al capital
El capital no existe para dar trabajo
ni para producir bienes útiles. Existe para valorizar el valor, es decir, para
convertir dinero en más dinero. Y sólo puede hacerlo comprando una mercancía
muy especial, la única capaz de producir y reproducir mucho más valor del que
costó adquirirla: la fuerza de trabajo. Por eso, toda legislación laboral toca
el corazón mismo del proceso de acumulación.
¿De dónde sale la ganancia?
Durante la jornada laboral, el
trabajador produce más valor del que recibe en su salario. Esa diferencia es el
plusvalor (Mehrwerth en alemán). La cuestión decisiva para el capital no es
producir cosas, sino aumentar esa diferencia, aumentar esa porción de la
jornada laboral en la que el trabajador produce valor gratis para el
capitalista. Esa parte de la jornada laboral es la que representa la mayor
cantidad de tiempo de trabajo, la parte de la jornada laboral en la que el
trabajador reproduce el valor que costó adquirir su fuerza de trabajo (a saber:
el valor de los medios de subsistencia y reproducción del trabajador, la
canasta básica) es la parte minoritaria. Los capitalistas buscan a toda costa
extender esa parte de la jornada que los beneficia. Toda reforma laboral debe
leerse desde esta necesidad silenciosa.
Las dos vías para aumentar el plusvalor
Marx distingue:
a) Plusvalor absoluto: consiste en
extender lo más que se pueda la jornada laboral, aumentando el tiempo de
plustrabajo, base de la plusvalía.
b) Plusvalor relativo: consiste en
intensificar la jornada de trabajo, hacer más en menos tiempo.
Todo esto logra abaratar la fuerza de
trabajo. La reforma avanza sobre ambas dimensiones al mismo tiempo.
Qué cambia dentro del proceso de trabajo
La precariedad no sólo afecta el
contrato. Afecta el ritmo y la intensidad del trabajo: más tareas, menos
pausas, jornadas extendidas, mayor presión. Eso es plusvalor relativo.
Qué ocurre cuando despedir es fácil
Sin estabilidad, el trabajador pierde
poder de negociación. Su salario deja de estar sostenido por derechos y pasa a
depender del miedo a quedar afuera. Eso reduce el valor de la fuerza de trabajo.
El desempleo como herramienta de
extorsión
Para el sentido común, el desempleo es un problema. Para el capital, es
una condición funcional. El ejército industrial de reserva desocupados,
precarizados, disponibles- presiona los salarios a la baja y disciplina a
quienes trabajan. La flexibilización laboral produce ese ejército.
¿Por qué Marx habla de
"esclavitud asalariada"?
El trabajador es jurídicamente libre, pero materialmente forzado a
vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Cuanto menos derechos tiene, más
evidente se vuelve esta dependencia. La libertad formal encubre una coerción
económica estructural, social, permanente.
El papel del Estado
El discurso libertario presenta esto como una victoria del
mercado sobre el Estado. Pero es el Estado quien
modifica las leyes, elimina protecciones y garantiza nuevas condiciones de
explotación.
El Estado no es neutral, por eso no existe "el Estado"
en abstracto, sino el estado social e históricamente determinado. Y en las
sociedades donde reina el modo de producción capitalista, el estado es burgués,
capitalista, es su forma política y de clase.
Por eso en los regímenes neoliberales el estado no desaparece: la mano
invisible del mercado necesita el brazo armado del estado. Y aquí entran en
juego las burocracias sindicales.
El rol de las burocracias sindicales
Si la organización obrera se limita a
negociar condiciones sin afectar el proceso productivo, puede terminar
funcionando como mediadora que estabiliza la relación capital-trabajo.
La contención del conflicto también es una forma de disciplinamiento.
Este es el rol de los sindicatos amarillos que pactan a escondidas de los trabajadores
condiciones laborales miserables mientras reprimen y persiguen a quienes se
organizan de forma independiente. Su rol es, sencillamente:
- desactivar la iniciativa de base,
- aislar a los sectores más combativos y
- encauzar el descontento hacia negociaciones
que preservan la normalidad empresarial y la acumulación.
Históricamente hay algunos ejemplos:
Antecedentes históricos
Cuando se debilita la autonomía obrera y se suprime la huelga, se
refuerza la capacidad del capital para imponer condiciones. En 1933,
el nazismo disolvió los sindicatos y los reemplazó por el Frente Alemán
del Trabajo (DAF), integrando trabajadores y empleadores en una estructura
estatal sin derecho a huelga mientras perseguía y encarcelada a trabajadores
comunistas y socialistas.
¿Qué revela realmente este tipo de
reformas?
No buscan empleo ni eficiencia. Este tipo de reformas (cómo la de Bolsonaro en Brasil o
la del actual gobierno de Grecia) buscan:
·
ampliar el ejército de desocupados,
·
abaratar la fuerza de trabajo,
·
intensificar el trabajo,
·
aumentar la tasa y masa de plusvalor,
·
acelerar la acumulación.
Eso es lo que está en juego.
Bibliografía sugerida:
·
Karl Marx, El Capital, Libro I (especialmente las secciones
sobre el plusvalor absoluto y relativo, y el capítulo sobre el ejército
industrial de reserva).
·
Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
·
Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y
sindicatos.
·
Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución.
·
Nicos Poulantzas, Poder político y clases
sociales.
·
Robert Kurz, textos sobre crítica del valor y crisis del
trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario